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Beneméritos 3.0.

Para una Guardia sin nombre.

Hoy toca un libro reciente, muy apropiado para los que están de vacaciones y para los que siguen en las trincheras del trabajo, o lo que es peor, han vuelto a la faena. A los unos les hará disfrutar y a los otros les hará más llevadero el “ferragosto”. Lejos del corazón de Lorenzo Silva. Este es el último libro de la serie de Chamorro y Bevilacqua, y ya van once libros y veinte años con esta pareja, nunca mejor usada esta palabra. Espero que nos quede otro tanto.

 

La desaparición en la zona del Campo de Gibraltar de Christopher un veinteañero con antecedentes por delitos informáticos hace que el subteniente Bevilacqua se traslade con su “troupe” de beneméritos a la provincia de Cádiz. Allí se encontrará con un mundo de narcotráfico, blanqueadores de dinero, abogados sin escrúpulo, jueces desbordados, antiguos compañeros de armas- si de armas-, desheredados de la fortuna que se juegan la vida para pasar el estrecho y sobre todo Guardias que se la juegan de  por tierra mar y aire, literalmente, para proteger a los ciudadanos, delincuentes incluidos.

 

Rubén y Virginia o sea el subteniente Bevilacqua y la Sargento Chamorro o Vila y Virgi, que después de veinte años y diez libros podemos tutearles ¿no?, son los personajes principales de la novela y de la serie. Así que vamos a hacer las presentaciones.

 

El subteniente Vila es ya un cincuentón y probablemente el Guardia Civil con menos espíritu de cuerpo de toda la “empresa” como él la llama. Es un psicólogo  medio uruguayo, medio español, una persona brillante, con su punto de pedantería. Un Guardia  Civil al que ni le gusta ni le sienta bien el uniforme y que para colmo su único hijo después de acabar la carrera se le mete en la “empresa” algo que en el fondo le llena de orgullo. Además el subteniente es un tipo integro, un buen jefe de esos que miran por su gente y al que sus “señoritos” aprecian incluso cuando llegan al generalato. Pero vaya usted a saber por qué ha encontrado su sitio en el mundo rodeado de uniformes. Después de una larga carrera en el cuerpo, incluida lucha contra los asesinos de ETA es uno de los más brillantes investigadores de la UCO.

 

La Sargento Chamorro es totalmente distinta a su jefe una mujer de familia militar, que tras algunos intentos fracasados para entrar en las academias militares acaba en la “picolicie” -Vila dixit-. Una mujer inteligente, trabajadora incansable, metódica como pocos con un marcado sentido del deber y una tenacidad fuera de lo común. Una mujer tranquila y cerebral pero nunca fría.

El libro nos muestra desde dentro algo que vemos todos los días en los telediarios. Planeadoras cruzando el estrecho con tabaco o hachís; un trozo de España cada vez más parecido al salvaje oeste, vaya tela la que se monta con Salgado que tiene que tirar de la reglamentaria. Donde los picoletos, como le dice Chamorro a un sospechoso”no te preocupes lo tenemos asumido”, no  difieren demasiado de ls clásica y algo lorquiana convivencia de los civiles con los quinquis. Pero también nos muestra a una policía moderna capaz de combatir a los criminales del siglo XXi de los de la deep web y cripto monedas. El autor nos mete en un mundo de bitcoins que nos explica bastante bien, al menos a un autentico ignorante del asunto como lyo.Bueno “Charlie“ si tienes una tarde me aclaras alguna dudilla. Pero a pesar de la ciber delincuencia y ciber vigilancia los viejos caimanes como Vila o el expeditivo Álamo, la tenaz Chamorro o la mano izquierda de los Guardias de la comandancia, esos que llaman a los malos por su nombre de pila y éstos a ellos por su apelativo familiar sacarán adelante el trabajo. Y es que por muy potente que sea una maquina, siempre la ha creado un humano y de momento no hay replicantes ni HALes 9000 por ahí danzando.

 

Esta dispar pareja se conoce, se respeta, se admira y sobre todo se quiere, como dijo el poeta en “el buen sentido de la palabra”. A mí me recuerdan a los Maddie Hayes y David Addison de “Luz de Luna”, los 80 nos han marcado. Lorenzo queremos más.

Acabo explicando el motivo de la dedicatoria de este post. Es algo muy personal pero ya han pasado casi treinta años. El día que me tocó convertirme en un adulto, un día como hoy de un calor asfixiante, una Guardia me paso el brazo por el hombro y con la gorra teresiana en mi pecho me dijo “vamos chaval, vamos a ello”, así que fuimos vimos lo que nadie con veinte años debe ver. Yo me quede tan frío como lo que tenía delante  y aquella mujer del uniforme verde me abrazó y me dijo “tranquilo, no te vamos a dejar solo”. Desde ese día y hasta el último de mi vida me sentiré en deua con esos hombres y mujeres vestidos de verde oliva y en cada uno de ellos adivino el abrazo de aquella Guardia sin nombre.

 

 

 

 

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