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Creando Inisfree.

¿Cómo lleváis esto del apocalipsis por entregas? Pandemia, Filomena y ahora el volcán de La Palma. ¡Continuamos para Bingo! Así que, en vista del panorama he recurrido a uno de mis antídotos infalibles contra el hastío: El hombre tranquilo. Aunque en vez de  en la película, me refugié en el libro de Maurice Walsh en el que se “inspiró” John Ford.

El libro de Walsh, no sólo nos cuenta la historia de amor del boxeador Sean Thornton, que vuelve desde los Estados Unidos a su Irlanda natal, con Mary Kate Danaher, una pelirroja indomable y que antepone sus derechos a cualquier cosa. De hecho, esta historia apenas ocupa cuarenta páginas y Mary Kate se llama Ellen Roe y Sean Paddy Bawn. Vamos a ver que se conserva del relato en la película y alguna cosa más.

El volumen de Reino de Cordelia, contiene cinco partes, yo diría que en realidad son cinco relatos más o menos independientes, así que en mi humilde opinión creo que debería titularse como en las ediciones en inglés: “El hombre tranquilo y otras historias”. Es cierto que todos tienen en común varias cosas, pero en el fondo podrían leerse por separado. El respeto por el ser humano, los valores tradicionales y por encima de todo: el amor por Irlanda son comunes a todos. También estos cinco cuentos tienen en común sus personajes principales, cuatro mujeres y seis hombres que son protagonistas, unos en alguno de los relatos y otros en la mayoría.

Walsh sitúa sus narraciones al final de la Guerra de Independencia irlandesa (1919 – 1921). La obra incluye relatos que se desarrollan tanto en la contienda como en la paz e incluso uno de ellos nos cuenta como celebran los combatientes de ambos bandos el Tratado de Paz. Pese a que el autor se alinea de un modo inequívoco con los republicanos no deshumaniza a los británicos. Para mi ese es el principal valor que impregna la obra. La relación del Comandante del IRA Hugh Forbes y el Comandante de un Regimiento escocés Archibald MacDonald, que lucharon juntos en la Gran Guerra, en Irlanda lo harán en bandos enfrentados. Pero siempre y por encima de todo prevalece una amistad y un respeto a prueba de balas, literalmente.

A través de Nuala Kierley y Sean Glynn, el autor nos muestra probablemente la parte más oscura de los que luchan por una causa y que les puede llevar a la destrucción personal. Tanto Sean como Nualla anteponen la fe en su ideal a sus propios hechos, pensando que aquella y no ésta es la que les salvará. Pero su fe republicana no es suficiente para salvarles de la terrible culpa que de ambos se apodera por un turbio asunto en el que los dos participaron en los tiempos de la guerra. Finalmente, ambos serán redimidos por el amor, él por uno al que renunció y ella por uno que siempre estuvo allí y que su atormentada vida no le permitió apreciar. En esto sí que coinciden Walsh y Ford, en que pese a que la vida de los protagonistas de sus obras no sea fácil, al final todos alcanzan la felicidad, con esfuerzo, pero la alcanzan.

Creo que ha llegado el momento de hablar un poco de la “peli”, ¿no? Pues bien hay que tener muy presente que pese a que adapta uno de los relatos de Walsh, en toda ella se utilizan nombres de personas, lugares o situaciones que se contienen en la obra literaria pero que se adaptan de un modo muy libre. Como por ejemplo el lance de pesca en el que tratan de capturar a un enorme salmón o la carrera de caballos y por supuesto las peleas. La película recurre al humor, mientras que el libro lo hace a la ironía. Pienso que esto es porque Maurice Walsh si vivió en primera persona la realidad de Irlanda y su guerra de independencia, no “toca de oídas”, él es irlandés, mientras que el director norteamericano, por muy hijo de irlandeses y así lo demuestra su nombre real: John Martin Feeney, jamás vivió en una isla a la que llegó a idealizar, hasta el punto de tener una nostalgia de lo que nunca vivió. Hubieron de pasar casi se   seis décadas hasta que pudo hacer su sueño realidad. Así que el viejo Jack Ford quito cualquier alusión a la guerra y de la mano del magnífico guionista Frank Mugen, convirtió al aguerrido combatiente Michaleen Oge Flynn, en un entrañable casamentero borrachín encarnado por un inconmensurable Barry Fitzgerald, los dos amigos que combaten en ambos bandos inspiran al Padre Lonergan – Ward Bon- y al Reverendo Playfair – Arthur Shields- y así sucesivamente. Creo que el personaje de Nualla Kierley aunque no aparece en la película está presente en toda ella y es que a mi entender, tanto el escrito como el director, conciben a su Irlanda como a esa mujer: a la vez tierna y dura, guerrera y desvalida, madre y viuda.

Como para gustos están los colores el post de hoy os abre dos oportunidades: un fin de semana de Guinness y película o uno de libro y Jameson, a ser posible en un salón con chimenea y unas almendras, por pedir que no quede.

P.S. No hablo de cómo están Maureen O’Hara y Jhon Wayne en la película, porque esto no acabaría nunca, por usar una palabra que dice Michaleen Flynn en una de las más famosas esfenas: ¡HOMÉRICOS!

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