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Creciendo en tiempos convulsos.

Hola a  todos, después de una semana de silencio, vuelvo a las andadas con las reseñas. Pero es que las tradiciones hay que respetarlas, así que como cada año había que organizar el sarao correspondiente a la primera jornada del Torneo de las VI Naciones de rugby, espero que alguna vez vuelvan a ser cinco. Creedme, esto no se monta en un rato, hay mucho que comprar, cocinar y hasta leer para ponerse al día de las noticias de los cambios de reglamento. Lo bien hecho bien parece… Ahora vamos con lo nuestro: El club de los canallas de Jonathan Coe, un libro que se publicó hace cerca de veinte años y que llevaba mucho tiempo queriendo releer.

Década de los setenta, Birmingham (Inglaterra). Trotter, Harding, Anderton y Chase, no es una firma de abogados, son cuatro chavales que son estudiantes en la King ‘s William School. Benjamín, Sean, Doug y Philip, que así se llaman, crecerán en una época y un país plenos de problemas ¿cómo lo harán?

 Nuestros cuatro protagonistas, no podía ser de otro modo, tienen muchas cosas en común pero, afortunadamente no son almas gemelas. Lo que sí es común a todos es su brillantez tanto en su faceta de estudiantes como en su interés por el arte, unos interesados en la música  otros en la literatura. Siempre atentos a lo que les rodea, utilizan “El tablón”, el típico periódico escolar como una ventana por la que asomarse al mundo y mostrarlo a sus compañeros.

No penséis que estamos ante un simple libro que nos cuenta la adolescencia de unos chavales, que por supuesto lo es. Coe retrata unos años complicados en Inglaterra que desembocaron en el llamado “Thatcherismo”. Los “canallas” tendrán que afrontar problemas que desgarran a su país. Sufran en primera persona el terrorismo del IRA, las continuas huelgas que paralizaban la isla, el racismo y por último la violencia en las calles.

Personalmente, no calificaría como novela a El club de los canallas y es que en la obra hay insertos que van desde crónicas de la función teatral de fin de curso a páginas de diarios  personales. O desde el artículo periodístico a conversaciones que tendrán lugar muchos años después familiares de aquellos chicos de Birmingham. La obra es de esas que dicen más de lo que parece, contiene reflexiones muy profundas sobre el amor, la amistad, la búsqueda de Dios y por supuesto la política. Pero no vayáis a pensar que por ello es un libro pesado de leer, rebosa, inteligentes e ironía. Es ameno, nos habla de The Clash y de Sibelius, de literatura y de arquitectura, lo mismo cita a T.S. Eliot qué anuncios de contacto de revistas musicales,  el Tinder de la época. Como veis variedad no falta.

Supongo que todos habréis escuchado por boca de un autor la manida frase: “cuando la novela se publica ya no es propiedad del escritor, ya es de ellos”. Pero, ¿qué ocurre cuando alguien la lee varias veces?, como se me ocurre con El club de los canallas. En este caso, me ha sucedido en otras ocasiones, creo que el libro vuelve al autor a través de los personajes. Intentaré ser capaz de explicarme con un mínimo de claridad. Al principio de los años dos mil, con una recién estrenada treintena yo quería ser Doug Andertor, con su rapidez, su rebeldía y con la envidia mal sana de que él había visto a los Clash en directo y es que como dice una amiga mía “hay bandas mejores, otras influyente, pero solo una importante: The Clash”. Pasados veinte años me identifico como Benjamin, un tipo más pausado que piensa en cosas más seria como la búsqueda de algo más trascendente: el amor, la Fe…  Supongo que dentro de otros veinte y vuelvo a leerlo será un tipo desinhibido y lenguaraz como Sean y si llego a los noventa me, me habría gustado ser como Philip, alguien que renunció a un sueño para odre seguir siendo fiel a sí mismo.

Pues nada más y nada menos que eso me ha hecho pensar la relectura de El club de los canallas. Sinceramente creo que merece al menos una primera lectura y si queresas saber más de estos personajes, Coe nos cuenta qué fue de ellos en Cerrado. Publicada pocos años después de esta “primera parte”.

P.S. Muchas gracias Pedro por recomendarme el último libro de Coe: El señor Wilder y yo, que me ha invitado a recordar viejas y agradables lecturas.

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