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Cuando el exceso desvirtúa…

Yo como la cabra tiro al monte y hace algún  tiempo que no comentaba con vosotros una novela negra, así que esta semana me gustaría compartir  con todos una que ya no es que sea negra, si no negrísima: Los señores del humo de Claudio Cerdán, publicada el año pasado por Ediciones B.

En uno de los terrenos de un municipio de las afueras de Madrid,  en el que está proyectado construir el complejo “Eurovegas”, aparece un cráneo humano. Este hallazgo además de poder abortar esa millonaria operación, removerá los fantasmas de tres personas marcadas por episodios en los que la  decapitaciones está presente. Se preguntaran si su pasado ha vuelto para atormentarlos Cuando comienzan a aparecer más cuerpos sin cabeza, el autor, Claudio Cerdán tejerá na relación entre ellos que nos conducirá a saber la identidad de este asesino en serie. Pero también nos muestra un mundo sórdido que abarca desde millonarios de vuelo privado y manicura hasta “yonkis” de “cunda” y chándal astroso.

Los personajes principales son tres hombres muy distintos y bastante peculiares. C.J. es un ex marine que trabaja en  seguridad para los Levy, quienes pretenden crear una sucursal de Las Vegas a 25 kilómetros de Madrid. Carl Jimenes está marcado por el cautiverio que sufrió a manos de los talibanes en su época como soldado. Es, cómo no, un tipo duro, de acción, poco imaginativo, pero con una fragilidad psicológica heredada de su encierro. En el vio cosas terribles que aún no ha superado. C.J. es una persona con unos sólidos principios: los suyos. Por contra, Aldo, el segundo de los protagonistas, es un ser carente de ellos. Un proxeneta Mexicano que se esconde del Cártel de Sinaloa y que ahora se alquila a una mafia del este de Europa. Aldo es un psicópata traumatizado por algo que le ocurrió en su juventud, una bomba a la que hace mucho tiempo que le quitaron la espoleta. Siempre hasta arriba de drogas y siempre dispuesto a matar y a morir, ya que considera que está viviendo una vida que no le corresponde. Hace cuanto puede para que eso acabe.

El tercer personaje es Paco Faura, en mi opinión el más importante y el más atractivo. Es un policía jubilado que gana un dinero extra trabajando como detective sin licencia. Un tipo de la vieja escuela, curtido por muchos años de servicio, miles de horas de Investigación a sus espaldas, además de haber haber sufrido un infarto que le ha privado de esos pequeños vicios que le permitían sobrellevar la vida. Como sus dos extraños compañeros en esta bajada a los infiernos que es “Los señores del humo”, su existencia también la marca un drama: si mujer lleva años postrada en la cama de un hospital por culpa de un atropello que jamás se aclaró y a cuya resolución ha dedicado sus años de retiro. Paco Faura me recuerda muchísimo a Germán Areta, el protagonista de la trilogía “El crack” dirigidas por José Luis Garci. Es un ex policía que aún conserva buenos compañeros, una persona que disfruta con la vida familiar, un hombre que es a la vez implacable y a su manera tierno.

La novela es ágil, tiene un ritmo narrativo frénerico, además pese a ser un librio en el que una investigación es central en la trama se sigue con facilidad, no es de esas que nos haga volver hacia atrás porque se nos escapen detalles. Una cosa que no ha terminado de convencerme es que el desenlace lo tenemos delante de nuestras ojos mucho antes de que el autor decida finalizarla. Pero sé que hay muchos lectores a los que esta sorpresa de lo evidente les gusta, cada lector tiene sus preferencias.

El mayor “problema” que me he encontrado al leer esta novela está en las formas. No me tengo por una persona mojigata y entiendo que una novela negra transita por un mundo bastante turbio. No es raro que en ellas se reflejen “inframundos” como el de la prostitución o las drogas, en ellas aparezcan asesinos, perdedores o mafiosos. Y claro está que no hablan como si fueran notarios o monjas Clarisas. Pero tampoco es necesario que se golpee al lector continuamente con toda clase de barbaridades. Todos en el lenguaje coloquial decimos tacos, asi que no nos vamos a asustar. Supongo que en el mundo del hampa, ya sea la de despacho o y secretaria de piernas interminables o la de poblado chabolista y espaldas tatuadas. Los tacos están a la orden del día, pero no creo que todo el mundo ay a todas horas esté soltando por la boca sapos y culebras por la boca, por muy “quinqui” que se sea.

Algo parecido ocurre con la crítica social, elemento esencial de toda novela negra. Cuando se carga la mano mucho se puede caer en el exceso y de ahí al esperpento solo hay un paso. Y esto salvo que se sea Valle Inclán es muy complicado.  Claro que lo de los casinos en Alcorcón era una golfada y que más de un gobernante tuvo una actitud deleznable. Claro que Madrid tiene zonas que son auténticos supermercados de todo lo ilegal. Claro que habrá policías racistas. Pero de ahí a retratar la España de 2012 como al México de hace casi cien años, que fue comprado por “Bugsy” Siegel y Virginia Hill hay un trecho. La mayoría de las poblaciones del extrarradio de Madrid, no son como las villas miseria como que abundan en el gran Buenos Aires. Tampoco nuestra Policía se dedica a encañonar a la gente en la calle por su color de piel como si fueran el departamento del Sheriff del Condado de Neshoba en los 60, aprovecho para recomendaros “Arde Mississippi”, una buena película de Alan Parker.

Lo cierto es que este es un libro muy entretenido muy recomendable, salvo para aquellos que sean de estomago sensible. A mí me ha gustado bastante el trabajo de Claudio Cerdán. S i quitásemos algunas barbaridades y una crítica social digna de cafetería de Instituto de Enseñanza Secundaria sería una novela negra casi perfecta.

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