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Doce manzanas podridas y alguna más.

Bueno pues ya hemos pasado la Semana Santa en blanco, por segundo año consecutivo y tiene pinta de que no vaya a ser el último. Antes era cuando solíamos ir al pueblo, a la playa, a las Procesiones o si éramos un poco afortunados nos escapábamos a lugares que hoy nos parecen exóticos: Praga, Berlín, Lisboa, Budapest… – por mencionar alguna de las capitales europeas que me parecen magnificas para pasar cuatro días-, hoy no puedo ni ir a la preciosa Toledo que está a una hora en coche de mi casa. Menos mal que siempre hay un alma caritativa que nos invita a una torrija y así alivia este calvario. No sé si es por aquello de la redención o por lo de los condenados, pero esta semana me gustaría comentar con todos Doce del patíbulo de Erwin M Nathanson.

Esta es la novela en la que se basa la película homónima de Robert Aldrich, que casi todos hemos visto. Es la historia de un capitán del ejército de los Estados Unidos que debe seleccionar entre la hez de las fuerzas norteamericanas acantonadas en Gran Bretaña a un “comando” para cumplir una misión extremamente peligrosa previa al desembarco aliado en Francia. El capitán Reisman deberá adiestrar  a una docena de los peores criminales, asesinos y violadores que están  sentenciados a morir en la horca o a cumplir larguísimas condenas. Solo puede ofrecerles la posibilidad de volver a sentirse personas y tal vez una remisión o conmutación de sus penas, si es que son capaces de regresar con vida de su incursión en la Europa ocupada.

Antes de empezar, quiero destacar que tanto la novela de Nathanson, como la “peli” de Aldrich me parecen bastante recomendables y de buena factura. Pero, como el escritor no fue uno de los guionistas que adaptaron el libro al cine, ambas obras son muy diferentes. Veámoslas.

En primer lugar, el tema principal. El director nos plantea un film bélico más o menos clásico yno deja de contarnos el entrenamiento de un grupo de soldados, aunque muy peculiar, que deben realizar una misión prácticamente suicida tras las líneas enemigas. En cambio Nathanson destaca mucho más la naturaleza de cada uno de esos hombres enrolados en la operación. Creo que  es mucho más acertado calificar el libro como un drama psicológico que como una novela de “guerra”.

La segunda gran diferencia es el distinto tratamiento de los personajes que tienen el director y el escritor. Como parece lógico, es mucho más exhaustivo en la novela. Aunque Aldrich nos los retrata de un modo bastante claro, no llegará a la minuciosidad del escritor. Nathanson crea unos personajes a los que poco a poco va diseccionando con la meticulosidad de un forense. De ellos me han parecido los más interesantes dos que aparecen en la película: Reisman y Morgan. Y otro que para mí es esencial en el libro: Myron Odell, quien inspirará el papel de Tassos R. Bravos.

En la novela Odell es un tipo atormentado por una sexualidad que él no considera definida. Alguien que proclama su inocencia a los cuatro vientos, afirma que el no violó  a aquella chica en Edimburgo.  Gracias al interés del Capitán Reiman y de un viejo amigo de este, Myron descubrirá la realidad. El sargento Morgan creado por  E.M. Nathanson ostenta, en mi opinión, el dudoso “honor” de ser más mezquino que cualquiera de los miembros del siniestro grupo que custodia. No porque sea uno de sus guardianes ni tan siquiera por su labor anterior a incorporarse a la misión, Morgan era el verdugo de la prisión en la que se ejecutarían las sentencias de muerte de sus “compañeros”. Si no por valerse de esa condición pnarán aterrorizar a la “Docena Inmunda” con el único fin de tapar su cobardía y su vileza.

Dejo para postre a Reisman, Lee Marvin, quien como curiosidad hará mejor carrera militar con  Aldrich quien le nombrara  Comandante en lugar del rango de Capitán que alcanza en el libro. Aparte de esto el Reisman del libro es un personaje complejo, si queremos complicado, alguien que desde muy pequeños se metió en problemas y que nunca tuvo claro si era Jacob o John. Hijo de un matrimonio  entre una católica y un judío. Reisman nunca estuvo cómodo en ningún mundo salvo luchando ya  sea en México, en la guerra civil española, contra la Alemania nazi o en otras muchas contiendas. El Capitán es una especie de “perro de la guerra” que necesita el amor de su familia y el de una mujer que le haga volver al mundo real. Esto es algo que el libro nos muestra con gran ternura, pero a la vez con mucha crudeza. Por el contrario el Comandante de la película es una especie de tipo frio dedicado en cuerpo y alma a su trabajo, tan sucio como necesario.

Termino, Doce del patíbulo es una buena elección tanto si tenemos un par de horas para verla.Per o si disponemos de algo más de tiempo para leerla. En la una pasaremos un buen rato sin necesidad de plantearnos demasiadas preguntas y en el otro, ya más tranquilos nos haremos muchas preguntas y muy serias. Yo me inclino por E.M. Nathanson. Vosotros decidís, pero os garantizo que disfrutaréis con ambas versiones.

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