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En cortito y al pie.

Después de unos días de asueto, que decía el clásico, vuelvo a la carga. En estas vacaciones,  la verdad, me han cundido mucho y aparte de otras cosas he podido leer bastante. Primero me leí Siempre hay un precio, de Álvaro Urquijo, una historia sobre uno de mis grupos favoritos: Los Secretos. Continué con una de las muchas novelas históricas que se han publicado sobre la primera vuelta al mundo de Elcano y de cuyo nombre no quiero acordarme, como dejó escrito Don Miguel; un fiasco total. Y por último la novela que me gustaría compartir con todos: Los dones de la vida de Irene Nemirovsky.

Los  Hardelot, son una familia burguesa de una pequeña ciudad francesa cercana a la frontera con Bélgica: Saint Elme. Para la familia siempre ha existido una prioridad: su fábrica de papel. Esta les permite ser los más poderosos de la región. Cuando Pierre, contra los designios de su abuelo, el actual patriarca, rompe su compromiso con Simone, una heredera y se casa con Agnes Florent, los Hardelot se estremecerán. Igual que toda Francia. Esta es una historia de amor y muchas cosas más que transcurre entre 1900 y 1941.

Antes de empezar una advertencia y un reproche. Soy un admirador absoluto de Irène Nemirovsky desde que la leí por primera vez, en baile, ésta es la tercera obra suya que comento en el blog y tened por seguro que no será la última. El reproche es para aquellos que se refieren a ella como una autora francesa. No, no y mil veces no. Es una escritora en francés, jamás se le concedió la nacionalidad y a causa de ello y algunas cosas más, contribuyó a su deportación a los campos de la muerte nazis. Esto no lo digo yo, lo dejó blanco sobre negro su hija Elisabeth Gille en una fantástica “biografía soñada”. Que en asuntos de indignidad España no tiene la exclusiva.

Los bienes de este mundo, es una saga familiar. En sólo doscientas cincuenta páginas la autora nos narra la historia de los Hardelot, con sus matrimonios y sus nacimientos, con funerales y herencias, con sus esplendores y sus bancarrotas ¿Por qué, generalmente, este tipo de historias son tan largas? Creo que si un autor tiene claro lo que quiere contar no necesita llenar miles de páginas. Sin duda éste no es el caso de Irène Nemirovsky, ella no tiene porqué escribir en cinco trilogías y cuarto de tochos de seiscientas páginas. ¿Para qué escribir una de esa serie en las que los lectores comenzamos saltando primero párrafos y luego páginas? ¿No me digáis que no os ha pasado alguna vez? Contar la vida de cuatro generaciones en un libro tan breve requiere muchas cualidades pero sobre todo de una calidad literaria y a esta magnífica escritora esa le sobra.

Pero no vayáis a pensar que esa asombrosa capacidad de síntesis convierte a Los bienes de este mundo en una “novelita” de pinceladas más o menos brillantes pero que no profundiza en personajes, situaciones o la sociedad que retrata.  Irène Némirovsky es como un notario, únicamente da fe de lo que ve, no valora a los personajes, ni sus acciones ni su mundo y sobre todo no moraliza. Eso a veces no resulta muy agradable, quizá el lector se reconozca en alguno de los personajes y a lo mejor no le gusta. Unos personajes excepcionalmente creados con trazos breves y firmes nos muestran un retrato perfecto, sin adornos innecesarios. Este es un libro en el que pese o gracias  a su brevedad,  nos muestran las casi incontables caras del ser humano. Conoceremos personas despóticas, inconscientes, integras, codiciosas, adorables, vengativas…. y es que “La” Némirovsky, a mi entender merece el tratamiento de las divas. Es de una fineza en las formas y de una agudeza en el fondo de las que no abundan. Estamos ante una escritora que alcanza la sencillez en su estilo literario  pese a contar con una formación de altísimo nivel. Consigue que los lectores de a pie podamos apreciar la limpieza de una narración que parece sencilla, pero que está excepcionalmente trabajada y sublimemente escrita. NOS encontramos con una autora, tal vez una persona, que cree menos en la humanidad que en los humanos. ¿No creéis que esto merece darle una “pensada”?

Si no os habéis acercado a esta autora nacida en Kiev – vaya por Dios- os animo a que leáis cualquiera de sus obras publicadas por Salamandra. Todas son interesantes. No como a veces ocurre cuando una obra póstuma alcanza el éxito de ventas y familiares o editores se dedican a escarbar para publicar cualquier texto inédito o relativamente olvidado. Sorprendentemente estamos ante unos herederos y editores respetuosos que honran la obra e una grandísima autora, en lengua francesa. Sea como fuere ésta es una escritora de Primera División, si no de Champions.

¡¡¡SEÑOR PUTIN, DETENGA ESTA MATANZA YA!!!

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