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La hermandad del naipe, la ficha y la bolita.

Si como nos dijo Don Carlos en Volver: “veinte años no es nada”, veinticinco años es muy poco. Esta semana tengo el honor de compartir con vosotros Noche de tahúres de Raúl del Pozo. Editorial Berenice-Almuzara, de la mano de Arturo Pérez Reverte y Antonio Lucas,  después de veinticinco años, reedita la primera novela de uno de los más grandes, si no el más grande, de koa columnistas españoles del último medio siglo, estemos de acuerdo con él o no y es que leer a los mejores siempre nos enriquece. Creo que merece la pena invertir unas horas en leer estas poco más de doscientas páginas. Cada una rezuma gramática parda, vicio y miseria. Pero también fidelidad a códigos no escritos, la supervivencia y la perseverancia, ya sea en el bien o en el mal.

El cuerpo de un hombre aparece aferrado a la valla de su chalet, como si pretendiera saltarla, pero con el cuello rebanado de oreja a oreja, este es un asunto complicado. El caso se encarga a dos policías, uno al borde del retiro y el otro, un novato, en el argot: un “periquito”. Esa investigación les llevará a un mundo complejo, oscuro y sucio: el del juego. Pero no el de las apuestas  deportivas por la red o el de los bingueros de sábado por la noche. Si no el que hace decir a uno de los personajes de la novela: “el casino es mi casa desde que mi casa es del casino”. Un mundo en el que se apuesta lo que se fue, lo que se es y hasta lo que se podría llegar a ser.

Lo primero que me gustaría decir sobre esta novela es que no es apta para los amantes de la corrección política en el lenguaje. Aquí se leen palabras en vías de proscripción como moro, puta, yonki o maricón. Lo siento, pero es que la gente de hace veinticinco años hablaba así,  incluso podía publicar libros que contuviesen semejantes “barbaridades”, entiendase la ironía. El libro está poblado por cientos de palabras de la jerga propia de los jugadores o del caló, en definitiva, un lenguaje canalla para un universo canalla. Tan es así que esta obra, como se señala en el prólogo, es citada como fuente lingüística por la Real Academia. No nos alarmemos por lo que leamos, como decía un profesor mío de lengua: “las palabras no son ni buenas ni malas, simplemente son precisas, o no lo son”. Cuando empezamos a leer esta novela, lo que si podemos tener a mano ,esun glosario de términos de argot, para consultarlo, sobre todo en el inicio, no nos sobrará.

Quienes llevan el peso de la historia son los dos policías uno como ya he comentado novato y otro de vuelta de todo, castigado por la vida y el alcohol. Pero todos los demás personajes, los jugadores, son impactantes. Su pasión, su adicción, su caminar hacia al abismo, permiten al autor hacer un retrato tan fiel como inquietante de un inframundo que Raúl del Pozo parece conocer al dedillo, si no desde dentro. Ninguno de ellos nos sobra. Cada uno nos regala sus sentimientos, su percepción de una vida que les destruye sin que puedan, ni quieran,  apartarse de esa pulsión suicida. Y por encima de todos la presencia de Gela. A medio camino entre la mujer fatal de los Burning – siempre con problemas- y una Vestal de todos los  vicios, si me permitís la irreverencia.

Noche de tahúres, nos recuerda a la España del Siglo de Oro, respira Quevedo en la forma y en el fondo. Palabras duras, diría casi sucias, perfectas para contarnos un mundo de pesadilla de ensoñación etílica y de derrota. Pero también es Chandler, Kane, Jim Thompson o Hammett. Tanto Don Francisco, como los grandes autores norteamericanos de la novela negra, quiero pensar que son sus alumnos aventajados, nos sacuden la conciencia con sus frases cortas, punzantes, desnudas de lirismo. Raúl del Pozo encada línea nos pega un tiro o una cuchillada, de esas que nos dejan sin aire, casi sin vida.Retrata como somos y no como creemos ser., que desnuda al ser humano ante un espejo en el que sobre todo se ven heridas que nunca se curaran  y cicatrices que jamás se olvidaran.

Cuando Cela presentó esta obra dijo que no era ni rosa, ni negra, ni azul, ni erótica. Es simplemente una gran novela que se sale del canon. Yo, humildemente añadiría que es una novela turbia. Francamente, os recomiendo que os fiéis de un premio Nobel –de los de antes-, más que de mí. En cualquier caso, leedla. Es un regalo de un Maestro de la palabra y de la vida. Imprescindible.

Me despido agradeciendo a todos los que os habéis suscrito al blog y que recibiréis cada semana, más o menos, los pst de este blog, para que echemos un rato entre libros. Muchas gracias a todos y si os apetece, decídselo a vuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo o de clase…

One Comment

  1. […] whisky a la perrita, decidí leer una novela del autor conquense. En su momento ya os hablé de Noche de tahúres, que me gustó bastante. Así que esta vez me decanté por: No es elegante matar a una mujer […]

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