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La ira de los mansos.

 

Como la última entrada del blog fue de un libro “intolerablemente” reciente, vuelvo a escarbar en libros más “viejunos”. Este en concreto es de 1943. Aunque traducido al español nos ha tardado un poco más en llegar, nada más que sesenta años, “casi ná”. La divagación estival de esta semana será sobre: El deber de Ludwig Winder. En mi opinión un libro interesante, pero con su luces y sus sombras.

 

Antes de hablar del libro, os contare algo sobre su autor, que imagino que para muchos, como para mí os será totalmente desconocido. Ludwig Winder fue un escritor y periodista checoeslovaco nacido en 1889, es por tanto contemporáneo de Kafka, como el judío y nacido en el Imperio austro-húngaro. Winder se exilia al Reino Unido tres meses después de la invasión de Checoslovaquia a mediados 1939. Esto como no podía ser de otra manera marcará su obra y su vida que acabaría en 1948 sin poder retornar a su patria.

 

El deber nos cuenta la vida y la muerte de Josef Rada, un metódico funcionario del Ministerio de Transportes que pasa la cincuentena, felizmente casado con Marie y con un hijo – Edmund-, que estudia medicina. Rada es un tipo metódico, grismente eficiente en su trabajo y grismente feliz en su existencia. Hasta que una mañana al abrir la ventana de su oficina, en lugar de escuchar los habituales sonidos siempre, lo qué oye es el rugir de los carros de combate alemanes sobre las calles de la otoñal Praga. Rada pretende seguir con su vida funcionarial, eficaz y plácida. Pero eso es imposible con miles de “landsers” con su bota claveteada pisoteando las calles de Malá Strana acompañados por una horda de criminales vestidos por Hugo Boss y con una recua de palanganeros y demás basura que corre en auxilio del vencedor, son los colaboracionistas como el repulsivo Fobich.

 

Winder escribe un libro militante, a caso propagandístico. No puede ser de otro modo él es un judío aunque de una familia muy asimilad arcón los gentiles por la decisión de un abuelo. Pero ante todo es un patriota checo, como el propio Rada. El autor a pesar de su clarísima posición a contra la ocupación. Llega incluso a faltar a la verdad en algunos pasajes del libro, como cuando nos dice que los nazis culpan a unos inocentes del asesinato del gran matarife Reinhard Heydrich, cuando era sabido que eran checos entrenados por los británicos. El autor nos miente pero lo hace por una causa que él cree justa y que realmente lo es, esto no es relevante en mi opinión, al fin y al cabo no es un libreo de historia. Lo que no hace Ludwig Winder es tomar partido por una ideología política, tanto él como Josef Rada solo tiene una ideología: el amor a su Patria.

 

El libro pivota sobre dos figuras Rada y Fobich o lo que es lo mismo: la integridad frente a la indignidad. Del amigo Rada ya tenemos una idea de quién es, luego volveremos con él, pero ¿quién es el tal Fobich? Es uno de los más altos funcionarios del ministerio, que está casado con una alemana y que desde el primer momento se convierte en un siervo de los nuevos amos del país. Este tipo fue compañero de colegio de Rada quien de chaval le salvó de morir ahogado en la Moldava. Desde ahí tiene una deuda de gratitud con Josef que tratará de saldar aunque este nunca se la ha reclamado. El burócrata seguro de la integridad del funcionario le traslada a un departamento vital en el esfuerzo bélico alemán, Rada acepta aunque con algunos reparos. Pero su sentido del deber hace que sea tan eficaz como lo era en su anterior puesto y además inofensivo a ojos del colaboracionista y su jefe alemanes.

Todo cambiará en la vida de Josef cuando su hijo es detenido por los alemanes. Durante bastante tiempo estará sin saber que ha sido de él y donde lo tienen. Pide ayuda a su jefe pero este argumenta que en esos temas no se la puede prestar, en un gesto de ingratitud y de no querer molestar a sus amigos los alemanes. Rada, como no podía de ser de otra manera va a informarse una y otra vez ante las autoridades de ocupación pero no consigue nada. Es aquí cuando empieza su lucha interior. Tiene que aceptar la situación y junto a Marie aceptar esa desaparición o debe hacer algo contra los causantes de tanto dolor. La decisión está clara y el resultado también. Pondrá toda su eficacia profesional contra aquellos que le han arrebatado a su hijo, a su país y a su modo de vivir y entenderla. Si Rada es eficaz en asuntos ferroviarios, los nazis también lo son en lo suyo…

 

Creo que gran parte de la historia del siglo anterior es la historia de los totalitarismos criminales y de su lucha contra el individuo. En algunos caso esos individuos se juegan todo para seguir teniendo una identidad propia, aunque sean tipos como Rada gente corriente que nunca pensó en ser un héroe pero que les obligan a ser lo, que están dispuestos a entregar su vida para seguir siendo personas. Unos lo hacen con una pluma, otros empuñando las armas y otros con los horarios de los trenes. El deber es un libro que debemos leer, bien escrito, bien traducido y educativo.

 

MIENTRAS ALGUIN DIGA YO NO, ESTAREMOS A SALVO.

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