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La masía de la pradera.

Hola a todos, escribo desde un Madrid que parece Fargo y con la misma sensación que tiene Bill Murray en Atrapado en el tiempo. O sea que me parece que este día ya lo he vivido infinidad de veces y me temo que me quedan muchos más días iguales. Esperando, como el bueno de Phil Connors a que salga una ridícula marmota de su madriguera para predecir nuestro futuro. Y encima lo de la nieve, mejor dicho hielo. Habrá que tomárselo como lo hace la embarazadísima  agente Marge Gunderson, interpretada genialmente por Frances McDormand en la peli de los Coen. Esto es muy, muy, muy tedioso. Como me imagino que quien más y quien menos tengan un sentimiento similar, mejor hablamos de un libro. Concretamente de: El heredero de Rafael Tarradas Bultó.

Lo que puede ser una vida idílica para uno de los miembros de una de las grandes familias de la burguesía catalana de la primera década del Siglo XX, puede ser la seguridad de un trabajo para una chica de un pequeño pueblo que entra al servicio de esa gran familia. Pero, un amor “furtivo” puede traer consecuencias terribles y bien diferentes a ambos amantes. Todo dependiendo de si se es el señorito Isidro o Josefa, la costurera. A vuela pluma este es el inicio de El heredero, que tras un “pequeño paréntesis” de veintipico años nos contará la vida del hijo nacido de ese amor de verano y sobre todo la de una de las más influyentes familias catalanas durante la última guerra civil.

Supongo que debe ser un poco complicado escribir sobre la familia de uno. Más cuando esta lleva varios siglos, incluyendo el actual, siendo una de las más relevantes de Barcelona y de España. No puede ser fácil hablar de tus padres, abuelos o tíos cuando son personajes del dominio público, porque tú percepción es la de hijo, nieto o sobrino, obviamente no eres neutral. Entiendo que debe ser casi imposible, al menos para mí lo sería. En mi opinión esta es la gran pega de El heredero.

El libro empieza con la historia de amor entre una de las chicas del servicio y el primogénito de la familia, el hereu, de la saga Marqués – Bultó. La joven costurera queda embarazada y conforme a los usos y costumbres de la época es despedida y arrojada a la calle. Por supuestísimo por una candorosa ama de llaves que no informará a los señores. Aquí es donde se empieza a descarrilar la novela. Os preguntaréis ¿porque?, apenas hemos leído unas páginas. El motivo, al menos para mí, es muy simple: la elipsis, por no llamarla amnesia selectiva del cuarto de siglo que transcurre entre la primera y la segunda parte –el libro tiene cuatro-. El autor omite, “solo” por mencionar algunos hechos históricos que sucedieron en su Cataluña natal: El pistolerismo –primero anarquista y luego patronal entre 1915 y 1922; el golpe de Estado del Capitán General de Cataluña -Primo de Rivera – no cunda el pánico que era el padre- de 1923; o la proclamación del Estado Catalán dentro de la República Federal Española –así aparece en los manuales de historia- de 1934. Como ejercicio de desmemoria y viniendo de una familia de “menesterosos” como la del autor no está mal ¿eh?

Y luego, obviamente estalla la guerra, una locura colectiva, a la que cuatro exaltados come curas y otros tantos meapilas, enviaron a una nación a la autodestrucción y a matarse entre sí. Resumiendo que una panda de bobos decidió matarse. Me va usted a disculpar señor Tarradas Bultó, pero no creo que los españoles de hoy descendamos de una estipe de borregos.   Así que no nos cuente una historia de buenismo en la que la familia Ingalls parezca  la familia Manson al lado de la suya. Porque los proxenetas son lo que son y las que ejercen la justicia por su propia mano tienen un nombre, se apelliden como se apelliden, al menos eso creo yo. A pesar de que con  el tiempo su familia haya sido víctimas de uno de los más ignominiosos y crueles atentados que jamás haya visto este país. Nadie puede ni debe ejecutar a nadie amparándose en valores que para el verdugo son irrenunciables.

A pesar de los pesares, la nota del autor debería estar en la solapa o en el cintillo y no al final, lo que a más de uno les ahorraría bastante tiempo. Creo que El heredero es un ejemplo de lo que se publica en estos tiempos, sobre aquellos, en los que la Historia se nos presenta como lo que se nos dicen que debió ser y no lo que fue.

P.S. Es conmovedor, por no decir sonrojarte,  el olvido del Azul Mahón… Lo  de los milicianos ugetistas trasladándose en camiones de la FAI, es de traca. No creo que Andreu Nin lo aprobara ni que Orwell lo corroborara. Es lo que pasa cuando se quiere nadar y guardar la ropa.

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