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Memorias de la devastación.

Después de un par de semanas de silencio vuelvo a daros “la paliza” con mis reseñas. Conste en acta que no he estado vagueando. He leído un ensayo sobre la actualidad política de España, no lo mencionaré porque no viene al caso. El otro libro ha sido Y Julia retó a los dioses de Santiago Posteguillo, la continuación de YO Julia que ya compartí con vosotros en el blog. Pero bueno, centrémonos en la obra de esta semana: La única historia, de Julian Barnes, en mi humilde opinión uno de los más grandes escritores nacidos en las islas británicas que están en activo, junto, con Martin Amis, Ian Mcewan o John Banville –cito únicamente a mis favoritos-. Y es que por lo que se “lee”, los nacidos allí al final de los cuarenta del siglo XX, posiblemente marcaran una época.

Paul conoce a Susan en un torneo de tenis, mientras pasa unas vacaciones en casa de sus padres en un barrio residencial de clase acomodada de las afueras de Londres. Hasta aquí no parece una historia muy original. Pero si resulta que estamos en la convulsa y despendolada década de los sesenta y que Paul tiene diecinueve años y Susan es una mujer casada y con dos hijas mayores que él, la cosa cambia, aunque nos recuerda demasiado a la película “El graduado” ¿verdad? Pues bien, si lo leéis, podréis comprobar si es tan obvia como parece o no. Cincuenta años después, Paul tratará de recomponer los recuerdos de ese amor, de esa única historia.

Barnes nos hará testigos mudos de la relación de Susan y Paul, Case para ella. Durante más de una década veremos su evolución, la de la relación y la de ellos. Desde su primer encuentro pasando por su huida para vivir en Londres su amor, alejados de miradas reprobatorias y comentarios mal intencionados. Después empezaran a surgir los problemillas, o mejor dicho: el gran problema. Obviamente, no os revelaré ni su naturaleza ni quien lo padecerá, os fastidiaría la lectura. Por ese mismo motivo, no entraré en demasiados detalles sobre los personajes. Basta con saber que Susan y Paul se quieren. Que Joan es una vieja amiga de ella -me ha parecido un personaje fascinante-. Y por último, el Sr. MacLeod, el marido de Susan, una auténtica caja de sorpresas.

 La novela es sencilla de leer, pero eso no quiere decir que sea simple, nada más alejado de la realidad. Su  estructura tampoco es complicada: tres partes en la que se nos cuentan las tres fases, palabra muy de moda, de la relación entre los protagonistas. En ellas el autor juega magistralmente con el punto de vista del narrador. En la primera parte lo hará el propio Paul en primera persona, mientras que en las otras dos  Barnes jugará con el uso de la segunda y tercera persona, pero lo hará de una fotma tan brillante y sutil que no dificultará ni la comprensión de la historia, ni ralentizará el ritmo de lectura.

“¿Preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos?”. Con esta pregunta aparentemente sencilla arranca la novela. Y con ella, el intento de un Paul más que maduro por reconstruir su primer amor. El autor, sostiene en la obra una teoría, por llamarla de alguna manera, según la cual todos hemos tenido una única historia de amor. Pero no en un sentido estricto o aritmético  de la expresión, si no en el que es una y solo una, la que nos marcará para siempre. Ha podido ser la primera o la última, haber resultado ser desgraciada o afortunada, duradera o efímera.Pero será la única, aquella que nos deje una huella que ni otras historias, ni aún el paso del tiempo podrán borrar. Esa historia de amor en la que creemos que por querernos mucho nos traerán la plenitud.

A esta fastuosa historia de amor, añadámosle que Julian Barnes nos va mostrando la evoluciona de la sociedad inglesa desde la Segunda Guerra Mundial  hasta hoy. Tampoco podía faltar, sobre todo en la primera de las tres partes de la novela, el peculiar humor británico, a medio camino entre lo sutil y lo hiriente. Otro de los temas en los que profundiza esta novela, es como pueden evolucionar los sentimientos dentro de una pareja y como pasado cierto tiempo los moldeamos para que únicamente recordemos lo agradable e incluso transformemos los más duros recuerdos en algo casi placenteros.

Esta es pues, una gran novela, que cumple los requisitos que el propio autor afirma deben reunir: “ser inteligible, ser inteligente y ser interesante”. Y sin duda los cumple. Aunque también es triste desgarradora y conmovedora. Así que es muy recomendable, pero atentos al estado de ánimo que tengamos al acometer su lectura. Sin ir más lejos a mí personalmente me ha dejado muy tocado, tal vez debería haberla dejado para dentro de unos meses cuando esta demencia haya pasado. Pero… la belleza no tiene porque ir siempre de la mano con la alegría, aunque en no pocas ocasiones sean compañeras de viaje.

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