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Mucho más que una novela de gánsteres.

Esta semana me gustaría compartir con vosotros: Chicago de David Mamet. Este autor nacido en “la cuidad del viento” en 1947, es uno de los mejores escritores de cine vivos. A él debemos guiones como el de El cartero siempre llama dos veces o Veredicto final. Pero también Mamet escribe teatro, no en vano gano en el año 1984 fue galardonado con el premio Pulitzer a la mejor obra teatral con Glengarry Glen Ross. Por si esto fuera poco el amigo David dirige películas y como no, escribe novelas, completito el señor ¿verdad?

En el violento Chicago de los años veinte, Mike Hodge, un piloto veterano de la “Gran guerra”, trabaja como periodista en el Tribune. En su búsqueda de noticias sobre las bandas mafiosas irlandesa e italiana de la ciudad, conocerá a una joven florista irlandesa, Annie Walsh. Su vida saltará por los aires cuando dos tipos asesinen a su chica ante sus propios ojos. Mike, devastado buscará refugio en las drogas y el alcohol, que pese a la Ley Seca fluye por Chicago como un río. Tras recuperarse, Hodge dedicará todos sus esfuerzos a descubrir quien acabo con su joven novia y ajustar cuentas.

Ante de nada, un aviso, en la nota de contracubierta y en las notas de la editorial sobre el libro, se alude a la condición de guionista de la película Los intocables de Eliot Ness de Mamet. Eso puede llevar a engaño a algunos lectores, porque aunque hay mafiosos, asesinatos –muchos por cierto-, policías y delitos de todos los colores, esta no es una “simple” novela de gánsteres. Este es un libro que reflexiona sobre temas básicos para los seres humanos: el dolor, el amor o el sentimiento de culpa… Lo dicho, algo o mucho más que redadas, asesinatos alcohol ilegal, coristas, tahúres y ametralladoras Thompson, que también los hay. Por cierto los periodistas, o mejor dicho la profesión periodística salen bastante mal parada, ¡una injustica!, con lo rigurosos que han sido son y me temo que serán la mayoría de los chicos de la prensa.

En la novela, lo más importante nos es la acción, si no los diálogos en los que Mamet se recrea como el buen dramaturgo que es. Son conversaciones rapidísimas aceradas y que rezuman cinismo continuamente. En todas las páginas en las que Mike habla con su compañero Parlow o con Peekaboo, una veterana madame negra, tienen el sabor añejo de las viejas películas negras de la época dorada de Hollywood y de los grandes maestros del la literatura “noir”. El autor se vale de estos dos personajes para mostrarnos su calidad como escritor. Además los temas que Mike aborda con una y otro son muy distintos. Con Peekaboo Mike filosofa sobre la vida, sobre la existencia, mientras que las charlas con su colega son más mundanas, más brutales.

A pesar de la importancia capital de los diálogos, la ambientación es magnífica también. Se nota que el autor se sabe el tema y además habla de su ciudad natal y por tanto se luce. Mamet nos muestra una ciudad irrespirable, una sociedad enferma por el dinero fácil y la violencia, en la que todo el mundo trata de hacer trampas, en la que muy pocos son lo que aparentan ser. Nos parecerá ver a tipos con el sombrero medio aplastado y el abrigo arrugado, respiraremos el humo de los tugurios, admiraremos a mujeres de corazón caliente y mente fría o escucharemos las canciones. Por que Mamet nos lleva aquel Chicago.

El libro puede resultar algo complicado de leer para un lector medio, o sea yo. El principio es relativamente árido, ya que nada es sencillo o directo, todo está impregnado de un gran cinismo con el que el autor juega con sus lectores. Pero que no cunda el pánico que rápidamente le cogemos el aire. Mametr no regala nada al lector, es como si quisiera decirnos que para disfrutar por completo de la obra nos tendremos que esforzar, algo así como la famosa frase de la profesora de la serie Fama: “la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar con sudor”. Así que este es un libro para leer tranquilos en casa y si es posible en silencio, un poco complicado, pero que recompensará con creces nuestro trabajo. Brillante.

One Comment

  1. […] la semana pasado hablando de Chicago de David Mamet, comenté que para mí casi el más importante de esa obra eran los diálogos, en esta obra de […]

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