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¿Por qué llamarlo Insolación cuando queremos decir sexo?

El otro día dando una vuelta por la calle de Princesa, pasé junto al monumento de una de las mujeres del año: Emilia Pardo Bazán. Y es que en este año, celebramos el cien aniversario (sic) que dijo una de las vicepresidentas del gobierno en su discurso ante los miembros de la Real Academia Española. Así que para conmemorar el centenario –que diría el españolito de a pie- de la muerte de la escritora gallega decidí leer una de sus obras. Como no era plan  releer la monumental  Los Pazos de Ulloa, me decante por una novela corta que se desarrolla en Madrid: Insolación.

Francisca de Asís es una atractiva viuda de treinta y pocos años, que como tantas damas de la aristocracia de fines del siglo XIX deja que la vida la marchite entre visitas sociales, misas y chocolate con pastas cada tarde. Es precisamente en una de ellas donde se encontrará a Diego Pacheco un apuesto gaditano prototipo del señorito calavera. En seis días Asís se debatirá entre lo que debe hacer y lo que quiere hacer, pero sobre todo descubrirá quien es.

Vaya por delante que no voy a reseñar Insolación, sería una pretenciosidad ridícula por mi parte. No tengo los conocimientos suficientes ni ganas de quedar en ridículo. Estudios y críticas sobre esta novela hay muchos y filólogos o catedráticos de literatura del nivel de Andrés Amorós, por mencionar a alguno. Simplemente diré de esta novela que es casi perfecta. En apenas ciento cincuenta páginas a Doña Emilia le da tiempo para hacer crítica social, mostrar la diferente actitud frente a la sexualidad entre mujeres y hombres, como conciliar el amor y el sexo y un estudio psicológico exhaustivo de su protagonista femenina. ¿No parece poca cosa, verdad?

Con esto del centenario de su muerte, está hablando mucha gente, hasta yo me atrevo y creo que la imagen de Pardo Bazán está quedando muy difuminada. A parte de una visión muy de “trinchera” de su condición de mujer, se destaca su feminismo y su independencia, pero obviando en ocasiones que su independencia económica y su altísimo nivel intelectual, eran muy superiores a prácticamente todas las españolas de su época. Pienso que se la está retratando de un modo poco  justo. Nos estamos centrando más en el personaje. Sus polémicas con Juan Valera o Leopoldo Alas Clarín, este afirmó que el día que falleciese la gallega debía declararse festivo. Sus relaciones con Pérez Galdós, con José Lázaro Galdiano a quien dedicó un libro o Vicente Blasco Ibáñez a quien entre confidencias amorosa y literarias, un buen día le “madrugó” el argumento de un cuento con el consiguiente cabreo del valenciano. Creo que se está dejando de lado su faceta puramente literaria.

Por supuesto que no tiene nombre que no ingresara en la RAE, bueno en realidad si: UNA VERGUENZA. Otra cosa que me ha parecido muy desagradable es ver la infinidad de comentarios chabacanos a raíz de que vieran la luz algunas cartas íntimas entre Galdós y   ella. ¡Eso es robarle la intimidad a dos muertos!

¿Pero entonces, debemos rescatar a Doña Emilia? Mi respuesta es inequívoca: No. Simple y llanamente tenemos que leerla. Porque es seguramente la mejor autora en lengua castellana de los siglos XIX, XX y XXI, si es que no es la mejor de todos los tiempos, incluida la única mujer ganadora del Nobel en castellano: Gabriela Mistral. Es la primera de su generación en darse cuenta que eso de la novela ya no es una cosa de ficción y que es algo que va mucho más allá. Ella vio antes que sus coetáneos, Azorín, Galdós, etc.… que la novela era un auténtico instrumento que es fundamental para comprender el mundo y es que Pardo Bazán va mucho mas allá de la mera observación del naturalismo o del realismo, ella no es que mire a la sociedad a través de un microscopio, si no con la paciencia implacable de un francotirador dispuesto a abatir a su objetivo y como este, no suele fallar. Esos y no otros son los motivos por los que creo que hay que leerla, porque aquella modernidad a la hora de concebir la novela es hoy lo clásico. Leed a Emilia Pardo Bazán, os impresionará ya sea en sus novelas o en sus numerosos y grandiosos cuentos. Sencillamente es la mejor.

P.S. Señora Sordo Ruiz, Concejal de distrito de Moncloa Aravaca, una petición: arreglen un poco en jardincillo donde está el monumento de la escritora de Marineda, que está muy chuchurrío. Doña Emilia y los vecinos se lo agradeceremos.

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