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¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! *

Buenas y Santas, cada lunes nos desayunamos con que la policía ha intervenido en un montón de fiestas y botellones, multando a infinidad de irresponsables, personas jóvenes o muy jóvenes en su mayoría. Esto trajo a mi memoria un libro de Adolfo Bioy Casares que leí hace muchos años: Diario de la guerra del cerdo, una obra publicada hace cincuenta años y que sucesos como los que os he comentado me invitaron a leerlo de nuevo.

En un Buenos Aires  que el autor no nos sitúa en el tiempo, vive Isidoro Vidal, un jubilado que está a caballo entre el fin de la madurez y el inicio de la vejez. Algo delirante ocurre en la capital Argentina: los jóvenes han comenzado a atacar y dar muerte a los ancianos. Ha estallado la guerra del cerdo. ¿Cuál es el motivo?, ¿Cuántas “bajas” causará?, ¿cuándo acabará?

Este libro plantea una dificultad de inicio, ¿cuál es su género? Podría ser una especie de distopía, una novela fantástica, una profecía, una fábula… Sea el que sea su género, es una novela excelente. Doscientas cincuenta páginas que se leen con gran interés, prácticamente de un tirón y con  muchísima facilidad a pesar de estar “plagada” de argentinismos. Esto en lugar de entorpecer la lectura, lo que hace es enriquecerla. Ese lenguaje popular, tan porteño hace que la narración se pegue al terreno, ayuda a   que los personajes y las situaciones nos resulten más creíbles por muy inverosímiles que nos puedan parecer.

Bioy publicó esta novela corta en 1969. Contaba con cincuenta cinco años, más o menos los mismos que el protagonista. Creo que el autor se vio influido tanto por esa circunstancia como por los hechos históricos de la segunda mitad de la década de los sesenta. Una época de grandes convulsiones protagonizadas por una juventud contestataria que van desde el más que mitificado Mayo del 68, a las protestas contra la guerra de Vietnam o el no menos manoseado Verano del amor. El escritor argentino prescinde de las referencias temporales concretas. Consigue con ello  que la obra esté siempre vigente. Además Bioy no va a la anécdota, si no a la categoría. El diario de la guerra del cerdo nos habla de la vejez y de la juventud, de la difícil convivencia entre ambas. De lo complicado que resulta para los unos y los otros comprenderse, adaptarse a las diferentes necesidades y maneras de concebir la vida a lo largo de nuestra existencia. Pero el libro no nos expone, como pudiera parecer, el lógico choque generacional y es que ni la juventud ni la vejez son valores absolutos, siempre se es más joven o más viejo que alguien. El propio Isidoro Vidal es y se siente más joven que la mayoría de “los muchachos”: sus compañeros del café, de los velorios y de noches escondidos en el altillo. Por ello muestra, en más de una ocasión, una durísima opinión sobre la condición de viejos de sus amigos. Llega a ser casi tan radical como la de aquellos muchachos que les apedrean, hostigan e incluso les dan muerte.

Este, en mi opinión, es un libro crudo y amargo. En el que se reflexiona sobre los estragos que nos van causando los años. Pero es que la vida paradójicamente es algo que desde que llegamos a ella, nos conduce a la muerte; desde el mismo momento en que nacemos empezamos a envejecer. Creo que ésta es la causa que hace que estalle la guerra del cerdo. Como dice uno de los personajes:’ “En esta guerra los chicos matan por odio contra el viejo que van a ser“, una sentencia devastadora, que no deja al ser humano, independientemente de su edad, en muy buen lugar. Más bien lo contrario. Como he escrito un poco antes, somos siempre más viejos o jóvenes que alguno de nuestros semejantes.

Pues lo dicho, un libro interesante aunque a veces se nos haga un tanto cruel. Magníficamente escrito y de esos que al acabar nos hacen pensar en nosotros y en los que nos rodean. Creo que en estos tiempos de pandemia empatizar con los otros, sean ancianos o chicos, no está de sobra. Porque lo principal de la cabeza no es el pelo si no lo que tenemos bajo él.

* Cambalache Enrique Santos Discépolo

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