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Silencios vergonzantes.

Buen día para todos, ¿cómo lleváis esta primera quincena de julio? Supongo que algunos están de vacaciones, otros esperándolas y algunos sencillamente imaginándolas. Si la semana anterior comentamos un libro ambientado en el norte de España, el de esta semana también lo está en el Norte de Irlanda o en Irlanda del Norte. En las dos están muy presentes el dolor y la muerte. Pero aquí acaban las semejanzas entre ambas ya que la de María Oruña es ficción y la que  me gustaría compartir hoy es historia. Os presento: No digas nada de Patrick Radden Keefe.

Jean McConville es una viuda de 38 años y madre de diez hijos a los que trata de sacar adelante en el convulso Belfast de los años setenta. Cuando una tarde de diciembre del 72 irrumpen en su casa un grupo de encapuchados armados y se la llevan. Comenzará una tragedia que se prolongará cuatro décadas. Este es el escalofriante punto de partida de la investigación del autor. El secuestro y posterior desaparición de Jean McConville es una de las atrocidades que ocurrieron durante los llamados troubles, que marcaran durante casi medio siglo de barbarie y sinrazón. Una etapa de  destrucción que hoy se pretende superada.

Si os decidís a leerla, os daré un consejo: no os fiéis de las palabras del gran John Banville en la nota de contracubierta. Porque pese a que él es uno de mis autores favoritos y un buenísimo conocedor de la historia irlandesa, no está acertado del todo. Y es que No digas nada, no “se lee como una novela de suspense,”. Basta con ver que entre notas, fuentes y bibliografía, nos vamos a más de cien páginas. Por contra Banville acierta plenamente al destacar que estamos ante un retrato muy completo de aquellos años tan violentos y al calificar el libro de: “tenebrosa obra maestra”

En un libro como este, que abarca un asunto peliagudo que se lleva prolongando en el tiempo desde hace muchos años es muy importante aclarar varias cuestiones previas, las generales de la ley que dicen los abogados y el autor lo hace desde la primera página. La mayoría de testimonios que recoge son de republicanos, miembros del IRA, para entendernos, pero ni toma parte por ellos ni silencia a los británicos. Ya que sobre estos hay infinidad de remisiones a libros escritos por ellos. Keefe no juzga ni a unos ni a otros simplemente expone las opiniones vertidas por unos y otros, nunca las valora, se limita a decir lo que dijeron y a transcribir lo que escribieron. La otra gran virtud de la obra de Patrick Radden Keefe, es que es fácilmente inteligible para el lector, con independencia que sea más o menos conocedor de los”problemas”. Los encabezados de cada una de las tres partes son lo suficiente elocuentes.

En la primera: “lo transparente: “Lo transparente, limpio y autentico”, el autor se remonta al final de la década de los 60, que es cuando muchos de los jóvenes republicanos dispuestos a empuñar las armas, rompe con el IRA “Oficial” para crear el IRA “Provisional”. Esta escisión abandona alguno de los postulados fenianos clásicos, incorporando algunas de las ideas y los iconos del 68. Este proceso se refleja en personas desconocidas para el gran público como Dolours Price o Brendan Hughes y otros  muy conocidos como Gerry Adams.

El título de la segunda parte, “Sacrificio humano”, es suficientemente elocuente. En ella el autor se centra en investigar la “guerra” que libraron republicanos, lealistas y el ejército británico. Tres décadas en las que se normaliza la violencia, el terrorismo (incluyendo el de Estado) y la represión sobre cualquier persona sospechosa de no pertenecer al bando propio. Esta etapa es la de los famosos “The troubles” con su infinita lista de asesinatos o las tan heroicas como inútiles huelgas de hambre en las que junto al famoso Bobby Sands se dejarían morir de hambre otros nueve presos/prisioneros del IRA. Muertes que serían repugnantemente utilizadas tanto por el thatcherismo y el republicanismo.

En la última parte: ” la hora de la verdad”, Keefe investiga sobre los  Acuerdo de Viernes Santo de 1998, para entonces ya habían transcurrido más de un cuarto de siglo de la tarde en que unos encapuchados se llevasen a Jean McConville de su casa y tendrían que pasar casi cinco cas para ser sepultada dignamente. ¿Como se gestionó esa paz? ¿Cómo la aceptaron las víctimas? ¿Y los que empuñaron las armas? ¿Que cedió cada bando? ¿Qué papel desempeñaron los religiosos, tanto católicos como protestantes? Todas estas preguntas y alguna más trata de responder la tercera parte.

No digas nada es un libro denso pero escrito en un estilo sencillo, para llegar a muchos lectores. Si os interesa el tema es magnífico, si esta es vuestra primera incursión en el tema os recomiendo El hombre tranquilo de Maurice Walsh, en el que se basó la obra maestra de Jon Ford, dice mucho más de lo que la película apunta.

Acabo con una reflexión muy personal, de lector, no de habitante de un país azotado por el terrorismo o el secesionismo: las palabras no son asépticas. No es lo mismo decir prisionero que preso, ni bajas civiles que víctimas inocentes, ni recuerdos que historia, ni verdad que pos verdad….

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