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Sira Quiroga segunda temporada.

Hola a todos, esta semana me gustaría comentar con vosotros Sira de María Dueñas. Este es probablemente el lanzamiento editorial más fastuoso de los últimos años. Nada más y nada menos Planeta ha sacado una primera tirada de medio millón de ejemplares. ¡Una auténtica barbaridad! El éxito de ventas está asegurado, ¿y el literario?

Después de sus andanzas en el Protectorado Español de Marruecos y en el Madrid plagado de nazis de los primeros años de nuestra posguerra vuelve Sira Quiroga. Pero ya no es aquella joven costurera que vivía en Tetuán, que terminará trabajando para el espionaje británico. Sira ha madurado, se ha casado y es madre. En esta segunda entrega viajaremos a la Palestina del Mandato británico, al Londres de los escombros de finales de la Segunda Guerra Mundial. Y también volverá a  la España de las cartillas de racionamiento. Esa  que recibe a Evita Perón como si fuese una estrella de rock, que viene a paliar el hambre de España.  Y  por supuesto regresaremos con ella a su querido Marruecos.

Confieso que soy uno de los miles de lectores que llevaba esperando más de una década a que María Dueñas sacara de nuevo a la palestra a Sira Quiroga. Y no sé si ha sido por las expectativas que había puesto en esa vuelta o por aquello de que nunca segundas partes fueron buenas, pero me he llevado una enorme decepción.

La novela está excelentemente documentada y eso se aprecia especialmente en los segmentos que transcurren en Jerusalén y en España.   Pero esta profusión de detalles hace perder el hilo de la narración. El viaje de Eva Duarte a España llega a ser extenuante para el lector, más de doscientas páginas que son una sucesión inacabable de descripciones de, actos, de hoteles, de menús, de vestidos de… Por momentos parece que en lugar de ficción estemos leyendo los ecos de sociedad del Arriba o del Blanco y Negro publicados en la época. Y es que entre cenas en Riscal, comidas en el Ritz, saraos en Pedralbes o la Alhambra, la trama se va difuminando hasta casi evaporarse. Por cierto ya metidos en faena se echa de menos una noche de flamenco en Villa Rosa y un cocido en Lhardy.

La obra está estructurada en cuatro partes, cada una se desarrolla en un lugar del mundo. En todas hay tramas más o menos independientes, yo creo que podrían ser cuatro libros. En cada una de ellas Sira es protagonista casi absoluta. Lo que sí es común a todas ellas es que se resuelven de un modo bastante poco verosímil y en las que las casualidades son excesivamente frecuentes. Las modistas, la aparición de Ignacio, las cortinas de la villa de Barbará Hutton… son demasiadas.

Los personajes secundarios son bastante planos y salvo alguna excepción aparecen solo en alguna de las partes. Ninguno se acerca ni de lejos a Candelaria, la Matutera o a Félix de El tiempo entre costuras, a los que con buen criterio y afortunadamente recupera en la cuarta parte del libro. Esta es para mí, sin duda alguna, la mejor “confeccionada”, “cosida” con “puntadas” firmes y con un “tejido” de primera calidad.  Me ha hecho recordar al libro que leí hace años y añorar a esa autora que hace más de una década asombró a miles de lectores. En cuanto a los personajes históricos que aparecen en la novela la autora apenas los saca partido y eso que algunos de los que se mencionan fueron, como poco, peculiares.

Sin duda alguna la novela, como varias de las de María Dueñas, pienso que se convertirá en una serie de televisión. Eso me ha hecho plantearme una pregunta: ¿hasta qué punto esta expectativa ha estado presente a la hora de escribir el libro? Yo diría que bastante, esa  profusión de descripciones tan al detalle parece más destinada a un espectador que a un lector. Y es que vale más una imagen que mil palabras. En mi opinión este es uno de los motivos de lo extenso de un libro al que le sobran bastantes páginas. Aunque la obra tiene un final cerrado no descarto una tercera temporada como parece apuntarse. Personalmente veo a una Sira entrada en los cuarenta en su nueva faceta de periodista de radio informando y algo más de la visita de JFK al Berlín de 1963, por supuesto eclipsando en elegancia, a Jackie Kennedy, ¡hasta ahí podíamos llegar!

Sira es un libro tranquilo, que no hace que el lector se plantee ninguna pregunta, un libro gordo ideal para leer en la piscina, o la playa. Un libro que tristemente despeja las dudas sobre la cada vez menos irregular obra de su autora. Y eso me apena profundamente.

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