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Tal vez demasiado ligera.

Esta semana he leído: El cementerio de los suicidas de Manuel Hurtado Marjalizo. Una novela a caballo entre dos épocas, 1702 y 1899. Pero también a caballo de dos géneros. En algunos momentos es una novela histórica y en otros una novela de “misterio”. ¿Será capaz el autor de conseguir la mezcla adecuada? No diré maridar por aquello de que me pongo un poco nervioso con el lenguaje neo cursi, manías que tiene uno…

El año 1899 apura sus últimos días y con él el convulso, para España, Siglo XIX. Carmen Sotés, una joven aspirante a periodista que trabaja en “El Imparcial”, tras meses de paciente espera, recibe el encargo de su director para escribir un artículon que además se publicará en portada. Carmen se desplazará a una librería cuyo propietaria ha aparecido colgado de una viga de la trastienda del negocio. Esto conducirá a la joven a toparse con una “sociedad secreta” la cual desde hace doscientos años custodia un misterioso arcón que contiene un secreto desde hace  siglos guarda con gran celo y sin ningún tipo de miramiento. El autor nos llevará a un viaje en el tiempo de la mano de la periodista y de Iñigo Galarza, uno de los capitanes de la flota que realizaron la “Carrera de Indias” a principios de Siglo XVIII.

Como todos podéis imaginar la novela se desarrolla en dos planos temporales diferentes. Uno narrado por el Capitán Galarza. El nos narra su aventura a través de un escrito que redacta en prisión, mientras espera que se fije el día de su ejecución. El marino nos relata cómo condujo desde La Habana hasta España el arca que casi 200 años después causará la muerte del librero y sobre la que Carmen escribirá su primer artículo. La periodista de “El Imparcial” nos va haciendo partícipes de su investigación, sus sobresaltos y sus dudas, en tiempo real. Nos enteramos a la vez que la propia Carmen de que pretende la “hermandad” y quién está detrás de ella. El autor nos facilita mucho la comprensión de ambas acciones, puesto que ambas las diseña de un modo bastante estanco. Los hechos que Iñigo y Carmen nos van desvelando  están muy bien sincronizados, así que no se solapan.

Esta es una novela de fácil lectura, sencilla, tal vez demasiado sencilla me explicaré. Las dos épocas en las que transcurre son dos de las más convulsas de nuestra historia. Por un lado la “Guerra de Sucesión”, una guerra en la que participaron la mayoría de los países de Europa y que tras quince años de lucha se cerró con un cambio de la dinastía reinante en España. La otra etapa en la que se sitúa parte de la acción es la de la Restauración Borbónica, que tras la delirante Primera República, incluyendo la sangrienta carnavalada de la Revolución cantonal, o  desembocó en una etapa de no menos inestabilidad política y el denominado turnismo, que también tuvo su aquel. El autor pasa por ambas épocas de puntillas y en mi opinión eso le lleva a que los personajes sean muy superficiales. Lo mismo ocurre con el viaje del Capitán Galarza y la narración de la Batalla de Rande que en mí opinión carece de fuerza narrativa y apenas les saca partido. Que la “sociedad secreta”, “fraternidad” o como queramos denominarla se llame “la mano negra”… no parece ni muy arriesgado ni muy original.

Como he comentado los personajes me parecen demasiado fútiles, parecen más un boceto que una versión definitiva. Carmen e Iñigo son demasiado típicos y tópicos, tal vez por eso, a mí me ha resultado difícil identificarme con ambos. La valentía de la periodista me resulta un tanto impostada, quizá porque sea un personaje muy poco “racial”, la veo algo pacata, no me parece que sea alguien que esté dispuesto a morir en su empeño por de descubrir la verdad y no será porque el autor no la ponga en situaciones comprometidas, pero a mí me parece que como diría el castizo es un más “señorita del pan prigao” que una heroína. Le falta dureza tanto en las formas como en el fondo. Con el marino me ha ocurrido lo mismo, pero recorriendo el camino en sentido contrario. Galarza es un soldado y nada está por encima del cumplimiento del deber y de su honor, pero aunque eso se nos expone claramente, me parece que se hace de un modo un tanto “acartonado”, se asemeja más a los  capitánes de la “Invencible” que le precedieron en más de un siglo, que a los que defendieron Cartagena de Indias apenas unas décadas después, de cuando transcurre la acción de la novela. Es un personaje más propio de la época de Lope que de la que la que le correspondería. Finalmente tampoco me parece especialmente afortunada la elección de los personajes históricos que tienen trato con los personajes de ficción. Carmen Sotés tiene un fugaz encuentro con quien es su referente: Emilia Pardo Bazán que se despacha con un par de saludos corteses, mientras que Iñigo tiene un encontronazo terrible con un personaje tan importante como desconocido del gran público, el Cardenal Portocarrero. ¿No habría sido más enriquecedor que Carmen hubiese ido de la mano de Doña Emilia mientras da sus primeros pasos como escritora y que un jovencísimo Blas de Lezo hubiese navegado con Galarza? Yo pienso que sí, pero es simplemente eso, mi opinión.

Pese a todas mis reticencias, no se me ocurrirá tildar la novela de aburrida. Creo que cumple su función que es la de entretener al lector sin que requiera una absoluta concentración. Es un libro que nos sirve para pasar el rato y olvidar muestreas preocupaciones mientras lo leemos. Que nos acompañará en el metro o en el autobús antes de acudir a esa batalla cotidiana que es la vida. Y que nadie busque en estas últimas palabras el menor atisbo de sorna o ironía porque no los hay. ¿Entretiene?, si, pu es buena sea.

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