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Tristemente desaparecido y tristemente desconocido.

El otro día escuchando el espacio cultural de un programa de radio, se tocó ¿cómo no?, el dichoso premio Planeta de Carmen Mola. Los contertulios, generalmente personas juiciosas, se pronunciaban sobre el asunto de marras, unos a favor y otros no tanto. Pero en este debate alguno comentó el caso de Ángel Vázquez ganador de la edición de este Premio en 1962. L a galardonada fue Concha Alós, pero como los derechos de publicación estaban contratados con otra editorial el premio fue adjudicado a la obra7 finalista: Se enciendo y se apaga una luz de Ángel Vázquez. Yo la verdad que no tenía ni idea de quién era este buen señor, al que no paraban de elogiar en el programa. Pero recordé que por casa andaba una colección de los Premios Planeta que llegaba hasta los ochenta, la busque y allí estaba la novela de Vázquez.

El libro nos cuenta la infancia y adolescencia de Cristina en la ciudad internacional de Tangar, donde nació durante la Segunda Guerra Mundial, en una familia de comerciantes que ha perdido su esplendor. Hija de una madre española, Isabel y un padre británico de origen gibraltareño, Julio. Mediante diversos flashbacks conoceremos la vida de Cristina, en ambiente en el que crece. El de sus padres y  de diversas personas que la rodean. Consuelo es simplemente deliciosa.

Pues bien después de leer este libro no me queda más que darle la razón a los que intervenían en el programa de radio, ya que efectivamente Ángel Vázquez escribe magníficamente., con mucho gusto; eligiendo cada palabra. Un autor que aunque utiliza un lenguaje sencillo, siempre busca la belleza del texto. Eso quizá para algunos lectores pueda suponer un problema y es que en mi modesta opinión en Se enciende y se apaga una luz es mucho mas importante como se nos cuenta la historia que ésta en sí misma. Un libro en el que no pasan demasiadas cosas, ¡ni falta que hace! Leer esta obra es como admirar el cuadro de Johannes Vermeer en el que la técnica del artista es casi tan importante que la obra en sí ¿Alguien se fija en la perla de La joven de la perla?, obviamente no. Unos apreciamos los ojos, otros el ovalo de la cara, otros el tocado de la modelo, pues eso es lo que me ha ocurrido a mí al leer este libro.

Por supuesto que el libro nos solo se sostiene por la belleza formal y es que el estudio de personajes que nos regala Vázquez es impresionante. Y es que si la jovencísima e introvertida Cristina nos muestra todas las dudas que padecemos entre la infancia y la edad adulta; en las que no sabemos si refugiarnos en el puerto seguro de la adolescencia o embarcarnos en el mundo de los “mayores” o como le ocurre a Cristina esperare a que su madre” preparare su boda con un caballero de whisky con soda”, que decía Cecilia. Su padres, Julio es la imagen de la derrota, incapaz de reverdecer los laureles de una familia de comerciantes británicos que ve como con el paso de los años el Imperio se derrumba y con él la prosperidad de su familia, la que cuelga de las paredes de la villa y la que ha formado con Isabel.

Y por fin, Isabel, la madre de Cristina ¿Que puedes decir de él sin incurrir en medio Código Penal? Una persona que encarna todo lo que a mí m desagrada. Como volvía a cantar Ceciliapuntual cumplidora del Tercer Mandamiento”, una mujer que se refugia en una religiosidad que la lleva a ser “feliz” y de paso a quienes la rodean les hacen infelices. Como católico, practicante mañas o menos” a la carta”, me gustarás decirle a Isabel que volviese a leer Mateo 7-20.Así que, por sus frutos los conoceréis”. Vamos Isabel menos Misas y más comprender a tus vecinos, sean  cristianos, judíos, musulmanes, blancos, negros. Isabel definitivamente eres despreciable.

P.S. La editorial o la familia Lara fue justa Concha Alós gano el Planta en el 64 y pagó el entierro de Vázquez en 19820. Murió alcoholizado en una pensión de cuarta división en la calle de Atocha. Las letras y los lectores pondremos a cada quien en su lugar.

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