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Un cuento de Navidad.

Hola a todos. Ya sé que la Navidad, pasó hace varios meses, pero el otro día cayó en mis manos Invierno en Viena de Petra Hartlieb. Como era cortito, algo menos de doscientas páginas, y además me quedé con las ganas de leer Mi maravillosa librería, la obra más conocida  de la autora, me puse a la tarea. Aunque no estemos en invierno ni tampoco en Viena, son las cosas de los libros…

La acción transcurre, obviamente en Viena, Estamos  a principios del Siglo XX y la joven y bella Marie trata de salir adelante en la capital austríaca,  una ciudad que la cautiva pese a que no la ha acogido de la mejor de las maneras. ¿Encontrará su lugar en el mundo trabajando como niñera de la pudiente familia Schnitzler?

Como veis, la historia no es demasiado original: una muchachita de pueblo de origen  humildísimo trata de salir adelante entrando al servicio de una familia acomodada. Lo que más me ha llamado la atención es la relación de los Schnitzler con el servicio, además de Marie para ellos trabajan la cocinera Anna, ¡ menudo personaje secundario!y la doncella Sophie. La autora consigue que personajes reales como Arthur Schnitzler empasten perfectamente con personajes de ficción como su personal domestico y el bueno de Oskar. También me llama la atención como en esa época la convivencia entre judíos y gentiles sea tan harmónica, resulta curioso como los Schnitzler que son judíos confían la educación de sus hijos – Heini y Lili – a católicos como Marie y en menor medida a Anna, me parece una lección de tolerancia que hoy es casi inconcebible. Arthur solo prohíbe a Marie llevar a sus hijos a la iglesia y rezar con ellos, salvo esa excepción apenas interfiere en la educación de sus hijos.

Pero lo que realmente es importante para mí en esta novela es el amor o tal vez su descubrimiento. Marie jamás se ha sentido querida por nadie, salvo por su abuela. A sus dieciocho años se ha visto sometida a un padre tiránico y a una madre subyugada que pese a que desde muy pequeña mostrase sus aptitudes para el estudio, tan ponto cómo fue posible la pusieron a trabajar y no precisamente en las mejores circunstancias. Pero es esa efímera educación junto a su bondad la que la lleva a ser la niñera de los pequeños, para el doctor Schnitzler, es innegociable que todo el personal de su casa sepa leer y escribir. No en vano él fue uno de los más afamados autores austriacos de la época. Gracias a esto Marie llegará a conocer a Oskar un joven librero. Eso descubrirá a la joven dos mundos que hasta ese momento la eran ajenos, el amor romántico y los libros, gracias a un libro de Rielke que él la regala. Dos cosas que ella jamás soñó con tener.

Este es una novela en la que la literatura, los escritores, los lectores y los libreros están muy presentes. Quizá por eso, como en todas las obraras en que estos elementos aparecen se hacen infinitas alusiones a 84, Charing Cross Road de Helene Hanff, pero a mí me ha venido a la cabeza el clásico entre los clásicos de la Navidad: A Christmas Carol de Charles Dickens, pongo el titulo en inglés porque lo he visto en castellano domo Cuento de Navidad, Canción de Navidad y alguna que otra traducción más.

No solo me ha recordado al inmortal relato de Dickens porque transcurra en Navidad o porque Marie y Oskar tengan mucho que ver con algunos de los personajes de escritor de Portsmouth. Esta asociación, creo que es fruto de la blancura del relato de Petra Hartlieb y no porque en Invierno en Viena, la nieve sea prácticamente omnipresente, si no por la limpieza de la mayoría de los personajes. Hacía mucho tiempo en que no leía un libro en el que hubiese casi exclusivamente buenas personas.

Por poner una pega diré que a veces resulta un poco ñoña, pero en estos tiempos que vivimos en los que leemos demasiada truculencia a lo Carmen Mola o una brutalidad tan explícita como la de Lars Kepler, ponerse un pelín cursi no viene mal del todo. Si os gusta, en Siruela está publicada Primavera en Viena, así que tal vez la escritora muniquesa continúe con las dos estaciones que faltan.

P.S. Apuntadla para Navidad, es una buena lectura para los chavales de diez o doce años, si es que sois capaces de separarlos de los dispositivos electrónicos. Y para los adultos también.

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