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Un guiso con demasiados ingredientes.

Otra semana más y otro libro más, parece mentira como van pasando los días y con ellos las páginas, los unos se llaman nuestra vida y las otras nuestras lecturas. El post de esta semana es sobre un libro de un autor al que por unos motivos u otros nunca me había acercado pese a que todo el mundo conoce y del que bastantes de mis amigos son fieles lectores: César Pérez Gellida. Así que después de haber estado muchas veces tentado a leerle, esta semana debuto como lector de este Pucelano. Vamos a “charlar” sobre La suerte del enano, publicada en 2020 y que si no estoy equivocado es la penúltima novela del autor.

Sara Robles es la inspectora al mando del grupo de homicidios de la Policía Nacional en Valladolid. Este destino parece bastante cómodo, hasta que un mal día empiezan a aparecer cadáveres en la capital castellana como si de Tijuana se tratase. Por si esto fuese poco del Museo Nacional de Escultura han robado una valiosísima talla obra de Berruguete y además reaparece en su vida un ex. ¿Puede ocurrir algo más que altere la vida personal y profesional de Sara? La respuesta es sí.

Una de las principales virtudes de La suerte del enano es que pese a ser un libro de casi seiscientas páginas se lee casi de un tirón, yo creo que tardé cuatro o como mucho cinco días en leerlo. Así que aunque suene muy poco original: es un libro que engancha, de los que como no estés un poco atento hacen que te pases de parada del bus o de estación de Metro. La trama principal es muy entretenida y la acción es trepidante y aunque el autor va ilustrando al lector sobre arte, organizaciones criminales o policiales y lo hace de un modo natural y accesible, cosa que es muy de agradecer. Porque hay algunos autores que tratan de mostrar todo el trabajo de documentación que han llevado a cabo para escribir una novela que termina por saturarnos, a base de abrumarnos con datos que hacen que se nos atragante el libro, seguro que a todos os han venido a la cabeza varios nombres ¿verdad?

La suerte de enano está muy en la línea del género thriller y policíaco, que renovaron los escritores  nórdicos hace años. En España junto Pérez Gélida los más reconocidos son, por mencionar alguno: Juan Gómez Jurado o Carmen Mola (vaya circo de tres pistas se ha montado con el Planeta fallado hace unos días…). Es decir que estamos ante un libro en el que la violencia está al cabo de la calle, porque en esta novela se mata y mucho. Aunque para ser sinceros se asesina, por lo general, de modos menos crueles que en otros libros de este tipo. El ritmo es trepidante muy visual, yo a estas  obras las llamo video novelas, pienso que están especialmente dirigidas a los “nativos digitales” formados en una cultura más audiovisual que lectora. Esto no es ni mucho menos una pega, al contrario, todo lo que sea acercar a las generaciones jóvenes a los libros… Como decía mi profesora de literatura de COU: “Hay que leer aunque sea el Marca o el prospecto de las medicinas”.

En cuanto a los personajes que pueblan la novela yo diría que el autor hace dos buenos apuntes con Sara y el “espantapájaros” pero no termina de rematarlos. El que poco a poco se va haciendo mas grande es Sancho, que pese a ser un secundario tiene más empaque que los dos principales. Personalmente los dos protagonistas me han parecido demasiado arquetípicos, no termino de conectar con el malvado súper inteligente, está más que visto. Pero tampoco lo hago con la policía adicta al sexo, que como cebo comercial es atractivo, pero a la que su presunta adicción ni marca, ni incapacita para su trabajo ni nada que se le parezca, ¿tres relaciones sexuales con tipos diferentes en seiscientas páginas te convierten en adicto al sexo? ¡Creo que soy menos carcamal de lo que pensaba! Por cierto, me gustan más los investigadores de antes que los actuales que muchas veces parecen simples gestores de recurso, pero creo que ese tren se me escapó definitivamente.

Cesar Pérez Gellida, me ha parecido un autor muy entretenido en esta primera novela que le he leído. Una trama principal muy sólida, que se mezcla de manera muy natural con otras secundarías, tal vez demasiadas,  que va tejiendo bien y sin ser un autor que nos haga trampas. En definitiva me ha parecido un buen libro de evasión y un escritor al que se puede recurrir en cualquier momento.

P.S. Algo que el autor no desvela es si es “Chamizo” o “Quesero”. Porque pucelano y aficionado al rugby sí que es.

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