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Un hombre de palabras.

Esta semana me gustaría comentar con vosotros la primera novela de Álex Grijelmo: El cazador de estilemas. Antes de empezar von el libro, supongo que como me pasó a mí, alguien se preguntará por el significado la palabreja del título, estilema. Pues según la nota de c contracubierta los estilemas son: “rasgos lingüísticos propios de una persona, producto de su origen, educación y experiencia”. Así que como ya tenemos esa pequeña duda resuelta, vamos con la novela.

Eulogio Pulido es un filólogo que ya está cercano a la cincuentena al que la vida no termina de sonreír. Acaba de perder su trabajo de profesor, ha sufrido un desengaño, está sin un céntimo y no termina de levantar cabeza. A través de un conocido entra en contacto con el comisario Contreras al que le ofrece sus conocimientos como lingüista para ayudarle a resolver algunos casos. Ambos se verán implicados en varias investigaciones en las que las habilidades policiales de uno y los conocimientos como filólogo del otro, harán llevar a buen puerto.

En principio el planteamiento del tema es bastante original. Un filólogo metido a “policía”, es una especie de perito grafo lógico moderno. Desde que escribimos mayoritariamente mediante dispositivos electrónicos son más necesarios, en las investigaciones los cazadores de estilemas que los analistas de caligrafía. El autor consigue que resulte creíble y entretenido. La novela tiene unos toques humorísticos que hacen que el lector esboce más de una sonrisa. La trama estrictamente policiaca es un poco debil y no se termina de resolver de un modo redondo, seamos un poco indulgentes con un debutante en este género.

Los dos personajes principales son como ya he mencionado Eulogio y Contreras. Dos tipos que poco, por no decir nada tienen en común. Ni la edad, ni la formación, ni las ideas políticas de ambos coinciden, así que no es difícil suponer que los encontronazos entre ambos serán frecuentes. Aunque poco a poco según van trabajando juntos emperezarán a apreciarse, primero en lo profesional, luego personalmente hasta consolidar una amistad que se  verá reforzada por algo por lo que ambos han pasado. Es una novela con no demasiados personajes y salvo Esther, los secundarios apenas aportan nada importante al libro, por ejemplo yo creo que a la relación de Eulogio con el camarero que le sirve el desayuno cada mañana se le podría haber sacado más partido, de hecho, esa parece ser la intención del autor en un momento o a si me lo pareció a mí.

Si la semana pasado hablando de Chicago de David Mamet, comenté que para mí casi el más importante de esa obra eran los diálogos, en esta obra de Grijelmo son las palabras. Quizá el tratamiento de personajes pueda ser más profundo, la trama podría ser más intensa o tener un final desconcertante. Pero lo que nos engancha a ella es la belleza y el perfecto encaje en el texto de cada una de las palabras en el texto. Eso hace que el lector vaya paladeando cada palabra y da la oportunidad al autor de mostrar su amor hacia un idioma al que cuida, mima y defiende desde hace mucho tiempo este autor burgalés.

En definitiva esta es una novela que se lee bien, entretenida y con toques de humor. No es una de esas grandes novelas policiacas, pero si una novela escrita con mucho cuidado y con un infinito amor por las palabras. Recordaremos algunas cosas que estudiamos en el colegio y aprenderemos algunas más, pero no os confundáis no es un libro de un señor diletante ni una clase de lengua. Sinceramente, me ha gustado.

P.S. Lamentablemente en un libro un libro en el que las palabras y el lenguaje están tan presentes, en la sinopsis de la web de la editorial, el nombre de uno de los protagonistas está mal. No sé si será un estilema como dice Eulogio Pulido o un estilete como dice el inspector Contreras. Lo que seguro que es, es una caga…  EULOGIO, señores de Editorial Espasa, EULOGIO. Hagan el favor de corregirlo.

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