Press "Enter" to skip to content

Un taxista de Brooklyn, una pija del Embassy y… un Greco.

 

Lo último que verán tus ojos de Isabel San Sebastián, la subasta de un Greco desconocido en Nueva York da lugar a extrañas relaciones viajes relámpago, a escarbar en la historia de los personajes, a conocer figuras que fueron reales y que la mayoría de los españoles descocemos y en definitiva un thriller y chica conoce chico –ambos con sus añitos…-.

 

La autora de la novela: Isabel San Sebastián, conocidísima en su faceta de periodista y contertulia y algo menos en su faceta de escritora de ficción. El libro se lee bien y es bastante entretenido, que en el fondo es lo que la mayoría de los lectores buscamos. Es un libro, entretenido, podríamos decir  que es de sofá pero también de metro.

 

La historia que nos cuenta San Sebastián es la búsqueda de la propia identidad de dos personajes muy diferentes. Para ello la autora se sirve de una sofisticada y culta especialista en “El Greco”, un rudo taxista neoyorquino y un cuadro no catalogado del maestro cretense.

 

El arranque del libro es bastante “peliculero”. Carolina Valdés una señora estupenda con ropa estupenda, en hotel estupendo de N.Y se ve importunada en su mundo estupendo por los golpes en la puerta de su estupenda habitación, abre y no hay un caballero canoso y atlético con ropa a medida hecha en Savile Row dispuesto a invitarle a un cocktail en el Harry’s Bar. A parece Philip Smith, un taxista de vaqueros y camisa de franela esgrimiendo un recorte de prensa. Que desilusión.

 

En el fondo el libro es una especie de “road movie”, un viaje más o menos épico en el que dos personajes relativamente contrapuestos van chocando y acercándose poco a poco. En su periplo persona y geográfico. Los protagonistas se encontrarán con personajes secundarios que ayudan al cambio ético y vital de Carolina y de Philip.

 

Su periplo nos lleva por Madrid, Nueva York, Londres, Toledo o Budapest… En algunos casos como el de Madrid o la capital húngara las conocernos en los cuarenta y en la actualidad. Por el libro desfilan marchantes de arte, hermanitas de los pobres, nazis expoliadores de arte, el mítico “Embassy de los 40´s, victimas, verdugos y… Ángeles que realmente pisaron este mundo.

 

Carolina Valdés y Philip Smith siguen la pista de un cuadro que este afirma haber visto en una antigua fotografía que alguna vez le mostró su abuela y que al parecer estuvo ligado a su familia desde que la estirpe del hoy taxista salió de Toledo tras la expulsión de España de los judíos en 1492 y que fue expoliada casi quinientos años después por los nazis en el Budapest del exterminio perpetrado por  los cruz flechados de Ferenc Szálasi con la ayuda y aplauso de las SS de Adolf Eichmann y sus jefes.

 

El libro es una búsqueda de las raíces de un nieto del holocausto, en el que hay una búsqueda de la propia identidad, de los orígenes, del por qué somos como somos. Pero también aparece la condición humana con sus más mezquinos instintos: el odio, la codicia o La venganza. Si queréis saber si encuentran el cuadro, si la sofisticada Carolina “domestica” al hosco taxista de Brooklyn o al revés y sobre todo si hay happy end ya sabéis…

 

He dejado para el final el personaje más importante del libro: D. Ángel Sanz Briz. Supongo que algunos conoceréis de su vida y de sus acciones, aunque muchos no. Un aragonés de Zaragoza que con solo 32 años fue nombrado encargado de negocios de la Embajada de España en Hungría en plena II Guerra Mundial. En medio del avance de las tropas soviéticas con los alemanes en retirada. Con nazis y cruz flechados entregados a una orgía de deportaciones, matanzas indiscriminadas de judíos. Este joven diplomático, el personal de la legación española y la de otros países neutrales o no beligerantes empeñó su carrera, sus recursos económicos y en definitiva SU VIDA para salvar de la muerte a “presuntos” judíos sefardíes a través de una interpretación muy personal de las instrucciones del gobierno y la legislación española. Sanz Briz y sus colaboradores salvaron del martirio a 5300 persona –prácticamente ninguno de ellos sefardí-. Todos conocemos a Oskar Schindler, pues bien Sanz Briz salvo cuatro veces más judíos que él. Además no tenían ningún vinculo laboral o personal con el “Ángel de Budapest”. Para acabar deciros que D. Ángel Sanz Briz fue nombrado “Justo entre las Naciones” en 1966, pero como esto es España, nunca pudo recibir en vida tan alta distinción pues murió antes de que Israel y España tuvieran relaciones diplomáticas.

 

Ahora que nos ha dado por cambiar el nombre de las calles –no voy a entrar en el tema- Propongo el nombre de los españoles reconocidos como “Justo entre las Naciones”” y que deberían tener una calle, estatua colegio, avenida o reconocimiento en cada pueblo o ciudad de España:

 

Martin Aguirre y Otegui.

Sebastián De Romero Radigales.

Concepción  Faya Blázquez,

Eduardo  Propper de Callejón.

José Ruiz Santaella.

Ángel Sanz Briz.

Carmen  Schrader.

 

“Quien salva una vida, salva al Mundo entero” Talmud.

 

 

Be First to Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.