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Una decadencia sublime.

Hace unos días tuve uno de esos en que estás bajo de moral, hastiado o como expresó magníficamente Serrat, “harto ya de estar harto”. Así que recurrí a uno de mis remedios infalibles: ver El hombre tranquilo con una buena cerveza. El otro es ver ·El mundo en sus manos, con una cerveza, por supuesto. Estas dos películas y sospecho que la cerveza también, suelen conseguir que me ponga de buen humor y me reconcilie con el mundo y de paso conmigo mismo. Cuando esto falla, me planteo seriamente la necesidad de buscar ayuda de un profesional. Pero esta vez, como tantas, Sean Thorton y Mary Kate Danaher no me fallaron. Cuando terminó la “peli” del Maestro John Ford, me dieron ganas de leer algo sobre Irlanda y aunque el libro que da pie a la película está en casa, busqué por internet otras opciones y encontré un libro prologado por John Banville –otro de mis clásicos- y me tire de cabeza. La novela en cuestión es: Disturbios de J.G. Farrell.

El comandante del ejército británico Brendan Archer, se ha retirado tras luchar en la Gran Guerra  y padecer neurosis de guerra. Viajará a Irlanda a reencontrarse con su “prometida” Angela Spencer a la que conoció durante un perniso. Allí se aloja en el Hotel Majestic, propiedad de la familia Spencer. El Majestic es un enorme establecimiento cuyo fastuoso esplendor ha sido devastado por el moho, el polvo, la ruina y la dejadez. Archer conocerá a los Spencer, una familia anglo irlandesa de terratenientes. Pero también convivirá con sus disparatados huéspedes, así como a los habitantes de Kilnalough  en su mayoría simpatizantes fenianos. Todo ello entre los “disturbios” que desembocarán en el Tratado de partición de Irlanda.

Esta novela es la primera de la “Trilogía Imperial” de JG Farrell, la cual, si no me equivoco, no se ha publicado completa en España. Para mí este escritor ha sido un hallazgo tan sorprendente como agradable. Y esta novela me ha parecido espléndida por su ambientación, sus personajes, sus descripciones y sobre todo por un estilo impecablemente elegante. Además creo que la traducción de José Manuel Álvarez-Flórez me ha parecido excelente, de esas que engrandecen una obra literaria.  Algo que me ha llamado poderosamente la atencción es como el autor trata los famosos “disturbios” que no son otra cosa que la guerra de independencia de Irlanda. Farrell nos los presenta directamente en contadas ocasiones, para ello utiliza el recurso de intercalar supuestas noticias de prensa sobre ellos, en otras  ocasiones son referidos por personajes que casi nunca están presentes y que más de una vez dan versiones absolutamente delirantes de sucesos dramáticos. Los disturbios siempre están presentes pero casi nunca ocupan el primer plano de la narración.

Estamos ante una novela con bastantes personajes, en la que yo destacaría tres: el Comandante Archer,  Edward Spencer y Sarah Devlin. Archer es un hombre con infinidad de dudas que se reflejan en a la hora de afrontar su “relación” con Angela. Le cuesta tomar decisiones aunque al final lo termina por hacer de un modo ferreo, como refleja la última parte de la novela. Tal vez por no ser irlandés es el que tiene más capacidad para comprender las razones de ambos bandos. Tampoco es capaz de sobreponerse a su  amor por Sarah, quien no le corresponde. Un personaje muy interesante.  Edward Spencer es el dueño del Majestic y padre de una más que peculiar prole. Una persona que se niega a aceptar la realidad: su hotel se cae a pedazos y la situación irlandesa ya no es como para él siempre fue ¿será capaz de asimilarlo? Edward encarna a las mil maravillas el ideal de los anglo irlandeses protestantes poco dados a admitir cambios en lo que consideran parte del Imperio. Sarah Devlin retrata la otra parte en conflicto: la de los católicos feniamos  que pretenden separarse de Gran Bretaña. Es una joven que no oculta su dureza en el fondo y en las formas. Su relación con el comandante comienza como un coqueteo, pero cuando Archer quiere ir más allá ella es tan sincera y clara con el cómo exponiendo sus ideas. En cuanto a los secundarios los tenemos de toda clase y condición. “Las  viejas damas del Majestic”, tan adorables como insufribles. El mezquino y violento tutor Evans. Las caprichosas gemelas Spencer y como no, el aparentemente ausente doctor Ryan.

Esta es una novela excelente con  toques de humor británico dignos de P. G. Wodehouse –la persecución del presunto feniano que ocurre al poco de la llegada de Archer-. Pero con algunos pasajes que recuerdan a García Márquez – ese jardín tropical que va avanzando hasta ocultar el mobiliario de un salón que terminará por engullir-. Todo ello con una prosa elegante, un ritmo pausado que nos permite disfrutar de la lectura. Personalmente ha sido un descubrimiento inesperado de un autor que creo que no es conocido con por muchos lectores y al que merece la pena acercarse.

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