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Volver a la vida.

Hola, medidos de julio, suele ser sinónimo de calor, incendios e insomnio. Pero también significa: baños, vacaciones y tiempo libre para, entre otras cosas, leer. Lo de las lecturas de verano es un mundillo, hay quienes se reservan libros muy profundos tirando a “tochos” otros prefieren una lectura de pura evasión. Y luego estamos los organizados, que leemos sin ningún  criterio. El libro que he leído esta semana es: La luz de la esperanza de Alan Hlad. Vamos allá.

En 1916 Max es un soldado alemán que ha perdido la visión, unos pocos años antes era un pianista prometedor. En 1916 Anna es una enfermera del montón, pocos años antes era una joven que vivía feliz junto a su padre en Oldemburgo. En 1916 Bruno es un oficial de la artillería alemana, unos años antes era uno de los herederos de una familia acomodada dedicada al sector químico. En 1916 Nía es  una Pastor Alemán prácticamente desahuciada, unos meses antes era una perra cuidada. En definitiva; en 1916 Europa y medio mundo eran una locura que se llevaba por delante a millones de personas y de… animales.

La luz de la esperanza podría haber sido una de esas novelas que nos descubren una pequeña historia, de las que no conocemos la mayoría de las personas; de esas que resultan  devoradas por la Historia –la que en mi época salía en los libros del “cole”-. Esos hachos suele pasar desapercibidas, pese a que en más de una ocasión sean morales. El caso es que Alan Hlad lo tiene: la creación de la primera escuela de perros guías. Seguramente ese punto de partida no sea suficiente para armar una novela y haya que vestir la. Lamentablemente, para ello el autor elige ropa de segunda mano. Intentaré explicarme.

Cuando Max llega a Oldemburgo, para incorporarse a la escuela de perros guía, parece obvio que su proceso de recuperación, no solo  va a ser guiada por Nía, perfecto. Esta no va a ser una con grandes reflexiones sobre cómo superar un trauma y seguir adelante; va a ser un melodrama o una novela romántica. Lo que no me ha gustado es la tendencia del autor a un patetismo de trazo grueso. Como Max es judío hay un instructor antisemita; como se queda ciego su novia le deja, como compone música, ha perdido parcialmente la audición… unos recursos muy adecuados para un culebrón, pero un tanto pobres. ¡Ah, se me olvidaba: también hay embarazo no buscado!

Los personajes, en general, son bastante tópicos. Una enfermera con una bondad infinita y una eficacia muy mejorable; el soldado herido tanto en el cuerpo como en el alma; el militar prusiano retirado que es justo al tiempo que inflexible. Y todos ellos de una bondad beatífica. Como veis !todo un despliegue de imaginación! Hay un personaje: Bruno, que me ha resultado desconcertante. Por su función en la guerra parece que será el encargado de reflexionar sobre la culpa, sobre el horror, pero a mí no me ha transmitido nada, me parece hueco, sin rematar.

Pero sí que hay un personaje que a mí me ha resultado muy interesante por no decir conmovedor: Herr Zeller, el padre de Anna, en mi opinión el único de los personajes que tiene enjundia. Este relojero un poco particular, me ha transmitido  esa sensación de que la guerra para el tiempo, la vida, el presente y el futuro. Creo que la metáfora de que el bueno de Zeller se pase toda la guerra reparando relojes y que solo consiga reparar el que más problemas le da, cuando se firma el Armisticio es un recurso muy lúcido del autor y una imagen muy poderosa.

Por último es obligatorio referirme a Nía, una perra que también necesita volver a vivir, ella también es una herida en combate. Como en mi casa no hemos tenido perro y tampoco puedo decir demasiado  sobre el tema. Simplemente que la capacidad de superación, de trabajo y la generosidad de este “personaje” me han impresionado.

Creo que La luz de la esperanza, es una novela entretenida, que apunta algunas cosas, pero que se deja en el tintero bastante. Con un poco más de oficio, seguramente Alan Hlad habría escrito una joyita. Como olfato tiene, perdón por el chiste fácil, y la técnica se coge le esperaremos con interés. Si os gustan los perros, si queréis saber algo sobre capítulos poco conocidos de la Historia o simplemente os gusta la de “amores”. La luz de la esperanza merece la pena ser leída aunque solo sea por apreciar la labor de los perros guía que de cuando en cuando vemos en la calle trabajando con ciegos, autistas y otras personas con algún tipo de discapacidad.

¡¡¡SEÑOR PUTIN, RETIRE LAS TROPAS YA!!!. CINCO MESES DE LOCURA SON MAS QUE SUFICIENTE.

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